blog | A propósito de “LANCE”

Fotografía de Rubenstein

 

Más allá de la evidencia sobre el uso o abuso de sustancias prohibidas, el caso de Lance Armstrong, sin duda el mejor ciclista de ruta de todos los tiempos, ilustra la complejidad del deporte competitivo.

En muchos casos se juzga con severidad al atleta, quien frecuentemente es el eslabón final de una cadena de presiones económicas, sociales y políticas por alcanzar el triunfo a cualquier costo.

A diferencia de muchas decisiones importantes en salud, la mayoría de los deportistas no tiene la información completa y objetiva sobre las ventajas y riesgos de cada una de las recomendaciones médicas , técnicas y nutricionales que recibe de sus superiores. Más aún, la subordinación a dirigentes deportivos y patrocinadores los obliga con frecuencia a seguir rigurosamente las órdenes de sus entrenadores, médicos y directivos, quienes tienen como misión fundamental garantizar el triunfo y la figuración del atleta, de su equipo, marca, gremio, región o país.

Este entorno poco tiene de ético o de preocupación genuina y honesta por respetar el juego limpio o la salud del ser humano y pone a los grandes atletas en situaciones de poca libertad a la hora de tomar una decisión informada sobre las numerosas opciones técnicas, médicas y nutricionales que hacen parte del mundo competitivo.

La frustrante lucha contra el dopaje es un reflejo más de la incoherencia de una sociedad que aplaude únicamente el triunfo, la medalla o el título, que solo pueden alcanzar unos pocos entre miles de atletas de condiciones admirables y desconoce casi por completo la lucha heroica de niños y adolescentes por buscar un futuro mejor para ellos y sus familias. Que “lance” la primera piedra quien haya respetado todas las normas éticas y morales ante la promesa del éxito o la amenaza del fracaso…

Como en otros fenómenos preocupantes de nuestra sociedad moderna, si realmente queremos un cambio, debemos cuestionarnos a cerca de las raíces y responsables reales del problema y no pretender solucionarlo exclusivamente por medio de reglamentos, normas y sanciones, que aunque necesarias, son claramente insuficientes.

- JD