blog | Carne: comer o no comer

Fotografía de Nicole Hanusek/Flickr

 

La asociación entre cáncer y factores ambientales, como dieta, cigarrillo, alcohol, actividad física, sobrepeso y factores psicosociales ha sido motivo de numerosos estudios con resultados muy diversos y a veces contradictorios. Específicamente, la relación entre productos de origen animal, en especial carnes rojas o procesadas y cáncer de colon ha despertado nuevamente el interés de la comunidad internacional.

Las autoridades de salud pública tienen la obligación de orientar las políticas y, por supuesto, las conductas de la población general, pero no pueden ni pretenden tomar decisiones particulares por cada uno de los habitantes.

Las recomendaciones internacionales han sido consistentes hace varias décadas en buscar una reducción en el consumo masivo de productos de origen animal y promover el consumo de vegetales, frutas y verduras, dados los múltiples beneficios en salud cardiovascular, enfermedades metabólicas y cáncer.

En un esfuerzo serio por analizar e interpretar la reciente evidencia científica, la OMS, por medio de un selecto grupo de expertos, ha manifestado una vez más la importancia de cuidar los hábitos alimentarios y reducir el consumo de carnes procesadas. El fundamento para esta recomendación es el análisis de diferentes tipos de estudios, tanto epidemiológicos como experimentales que parecen mostrar en forma consistente un mayor riesgo de cáncer de colon (aproximadamente de un 20%) en personas con altos consumos de carnes procesadas comparadas con aquellas con consumos promedio bajos.

La gran dificultad a la hora de interpretar y comunicar esta información está en la complejidad misma de la biología humana y los desenlaces en salud. El concepto estadístico de riesgo describe una mayor probabilidad de un desenlace negativo al comparar una población expuesta con una no expuesta al factor de riesgo. Afortunadamente, la gran mayoría de las enfermedades sólo aparecen cuando confluyen varios factores que aumentan el riesgo.

Es sorprendente que nos preocupen tanto estos datos y convivamos (1 de cada 5 colombianos) tranquilamente con el cigarrillo, que mata diariamente (riesgos relativos mucho mayores al 20%) a miles de colombianos de infarto, trombosis, diabetes y, por supuesto, cáncer de colón y otros 20 o 30 tipos de cáncer según numerosos estudios publicados en los últimos 20 años. O quizás es oportuno recordar que más de la mitad de nuestra población es sedentaria y podría reducir su riesgo de cánceres de colon, seno y próstata en un 30% tan sólo con 30-60 minutos de actividad física diaria o disminuir a la mitad o menos (40-60%) el riesgo de hipertensión, infarto o diabetes siendo físicamente activo. Pero si queremos realmente reducir el riesgo de muerte rápidamente, según la epidemiología, quizá la medida más eficaz debería ser no volver a consumir alcohol, la primera causa mundial de muertes violentas o por accidentes, o mejor aún, erradicar las armas de todo tipo, un negocio bastante más lucrativo que el de la carne.

Para balancear aún más el debate, no podemos olvidar que más de la mitad de los colombianos ni siquiera pueden comprar un pedazo de carne, pues el salario mínimo que corresponde a un presupuesto menor a $3 mil por comida por familia, no le permite “darse el lujo” de los peligros de la carne y los embutidos, pero, eso sí, debe padecer las consecuencias dramáticas de la desnutrición crónica, la anemia por falta de hierro, proteínas, potasio y vitaminas del complejo B, nutrientes abundantes en la carne.

Aunque todos soñamos con la utopía de la inmortalidad, la eterna juventud y la salud física y mental perfecta, tenemos que reconocer las limitaciones de nuestra especie humana. La probabilidad de enfermar o sobrevivir está dada por numerosos factores, muchos de ellos fuera de nuestro control.

Pero la ciencia nos ha permitido identificar progresivamente cuáles de ellos podríamos controlar, por lo menos parcialmente. Y son aquellos relacionados con nuestra conducta o estilo de vida. Consumir más vegetales, menos calorías, menos carne y más pescado, no fumar, beber con moderación y practicar ejercicio varias veces por semana parecen ofrecer una reducción muy importante, no total, del riesgo de muchas enfermedades, ¡no de todas!

 

JD

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador, el domingo 1 de noviembre, 2015.
Fotografía de Fotografía de Nicole Hanusek/Flickr, usada bajo licencia de Creative Commons.