blog | Los efectos del sedentarismo, al límite

Fotografía de vpickering

 

Suena el despertador. El hombre se levanta, saca de la nevera un jugo envasado y leche, enciende la cafetera, toma de la despensa cereal y unas tostadas y, en cuestión de minutos, tiene sobre su mesa el desayuno. Para ir a la oficina camina unos cuantos pasos y toma un vehículo que lo transporta. Al llegar, un ascensor lo lleva 20 o 30 pisos arriba con tan solo oprimir un botón. Ya en su escritorio, se sienta entre ocho y diez horas. Su cerebro continúa en actividad, pero su cuerpo permanece prácticamente inmóvil, dejándole a los dedos que teclean sobre el computador la mayor parte del esfuerzo físico del día. Al regresar a casa, para “descansar”, se sienta en un sofá, prende la televisión, y pide comida a domicilio. Esta escena –que podría tener lugar en Bogotá, New York, Paris o Beijing– es la del típico hombre urbano de hoy, para quien alimentarse, trabajar y vivir exigen cada vez menos actividad física y, como consecuencia de ello, menor consumo de energía. El resultado: cuerpos en los que la energía sobrante se ha ido acumulando en forma de grasa corporal, y cuyo exceso de carga ha incrementado preocupantemente su propensión a enfermarse y ocasiona hoy en día más muertes prematuras que el tabaco.

Pero no siempre ha sido así…    [continúa leyendo aquí ]

 

Artículo publicado en Revista Diners.