blog | Muerte Súbita del Atleta

Fotografía de Mackenzie / 500px, licencia CC

 

Los grandes deportistas suelen encarnar, para muchos de nosotros un cúmulo de virtudes. Una genética privilegiada, salud óptima y hasta virtudes humanas y espirituales. Son portadores y ejemplo de disciplina, tolerancia a la frustración, altruismo, persistencia, sacrificio y entrega por el bien común.

Lamentablemente estos súper hombres y mujeres también son mortales y a veces son víctimas de la aterradora muerte súbita. Los casos de deportistas élite muertos en entrenamiento y competencia son extremadamente raros, pero generan tanto impacto psicosocial y tanto dolor familiar y comunitario que vale la pena dedicar unas líneas a su contexto y posibles explicaciones.

Se ha podido encontrar una causa orgánica en la gran mayoría de los casos. Los deportistas mayores de 35 años fallecen súbitamente por enfermedad coronaria, en la gran mayoría de los casos. Es decir que a pesar del ejercicio y presumibles buenos hábitos de vida, sus arterias se encuentran obstruidas por placas ateroescleróticas, producto de un colesterol o presión arterial elevados, atribuibles en algunos casos a su predisposición genética. Algunos de estos deportistas han abusado de cigarrillo, alcohol,  o sustancias como la cocaína y los anabólicos que favorecen espasmos y obstrucción de las arterias.

Pero el mayor reto lo representan los jóvenes, aparentemente sanos, por lo general asintomáticos, que mueren súbitamente en la pista o el campo de fútbol. La principal causa de estas tragedias es una enfermedad conocida como hipertrofia septal asimétrica o miocardiopatía hipertrófica. La padecen muy pocos niños, probablemente 1 en 10 000 o menos y podría ser detectable con una buena historia clínica, un electrocardiograma y un ecocardiograma. Se trata de un engrosamiento anormal de las paredes del corazón que puede favorecer arritmias mortales. Le siguen como causas las infecciones del corazón, miocarditis virales o por parásitos como la enfermedad de Chagas en nuestro medio. También se encuentran enfermedades congénitas, abuso de sustancias y traumas directos sobre el pecho como explicaciones para estos episodios trágicos.

Que podemos hacer? La respuesta es compleja. Primero, brindar a la mayoría de los deportistas de todas las edades el acceso a una evaluación médica, segundo facilitar la realización de exámenes especializados cuando el médico así lo indique, tercero no menos preciar síntomas como sincopes o desmayos o dolor en el pecho y ahogo, cuarto evitar el ejercicio cuando hay malestar general o fiebre y por supuesto evitar el cigarrillo, los estimulantes y al alcohol al máximo si se quiere participar en deporte competitivo. Afortunadamente, los grandes beneficios del ejercicio, protegen a la gran mayoría de habitantes, pero los pocos deportistas élite, merecen una atención especial.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador en su versión impresa en agosto 3 – 2014

Fotografía de Mackenzie, usada bajo Licencia Creative Commons.