blog | Hidratación, ¿por qué y con qué?

Fotografía de VOJTa Herout / 500px, licencia CC

 

Recordemos que uno de los procedimientos básicos para cualquier problema de salud es garantizar un aporte adecuado de líquido o “suero” por vía oral o en su defecto por vía intravenosa. Podemos vivir semanas enteras sin comer, pero sólo pocos días sin recibir agua o algún tipo de líquido.

Las alteraciones funcionales en nuestro cuerpo aparecen con grados mínimos de deshidratación. Es interesante que tan sólo un 2% de pérdida de peso por deshidratación ha demostrado afectar negativamente el funcionamiento del cerebro. Muchos de estos hallazgos provienen de las ciencias del ejercicio, donde se busca optimizar los determinantes del rendimiento físico y mental. Por supuesto, pérdidas mayores al 5-10% tienen un evidente impacto negativo en la capacidad física, reduciendo la resistencia aeróbica, como lo viven cotidianamente miles de atletas recreativos y competitivos. Quienes no lo sabían sólo deben probarlo. Se deben consumir inicialmente agua o bebidas hidratantes en cantidades promedio de 0,5 a 1 L por hora de ejercicio moderado o vigoroso, preferiblemente distribuido en pequeños sorbos o porciones de 100-150 ml cada 10 minutos.

Para optimizar el estado de hidratación debemos estar atentos a la aparición de la sed, las características de la saliva y, especialmente, al color de la orina. Mientras que la orina clara o transparente refleja un adecuado estado de hidratación, las orinas amarillas oscuras muestran un aumento en la concentración de la orina como respuesta fisiológica a la deshidratación. El dato más confiable proviene del peso corporal (sin ropa y habiendo evacuado la vejiga) antes y después de una sesión de ejercicio. Muchas veces descubrimos con sorpresa que hemos bajado más de 500 g que reflejan la falta de líquidos y no menos grasa como muchos creen.

Si la deshidratación se perpetúa por falta de líquidos o debido a pérdidas aumentadas por sudor, respiración, diarrea, vómito o diuréticos aparecen graves consecuencias por falta de un adecuado riego sanguíneo (oxígeno y nutrientes) a todos los tejidos, en especial al cerebro, al corazón y al riñón. Muchas bebidas o alimentos líquidos son útiles, pero existen opciones ideales según el individuo y las circunstancias específicas. Para el ejercicio se recomienda la hidratación antes, durante y después, agua o bebidas hidratantes, según las condiciones ambientales, la duración y la intensidad del esfuerzo.

 

JD

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador en septiembre 21 – 2014
Fotografía de VOJTa Herout, usada bajo Licencia Creative Commons.