blog | Salud e industria, un dilema complejo

Fotografía de Mercy Health / Flickr, licencia CC

 

Es cierto que con frecuencia nos resulta difícil tomar decisiones éticas y coherentes en nuestra relación personal y profesional con la industria. En nuestra práctica cotidiana, los médicos nos dedicamos a comprender el funcionamiento del cuerpo humano y las complejas interacciones entre el entorno y la genética que nos llevan a enfermar y morir. El diagnóstico adecuado y oportuno, una buena relación con nuestros pacientes y la mejor alternativa terapéutica son un reto cotidiano para el cual nos preparamos cada vez mejor, aunque a veces no parezca.

Sin embargo, nuestra formación de pregrado y posgrado carece de espacios adecuados para reflexiones éticas y profesionales acerca de nuestra compleja y delicada relación con la industria farmacéutica, la industria de los equipos y dispositivos hospitalarios, de los métodos diagnósticos, la industria de la intermediación y administración de servicios de salud.

¿Qué tan independiente, ética y costo-efectiva es cada una de nuestras decisiones en la práctica clínica? Pienso que la respuesta está en cada acto médico, en cada relación médico-paciente, y difícilmente puede ser juzgada sin conocer en profundidad cada caso. ¿Qué beneficio o riesgo tienen mis pacientes y qué beneficio o riesgo tengo yo al prescribir, al operar, al hospitalizar, al usar un dispositivo o método diagnostico o al dar una conferencia o escribir un artículo?

No creo que las posiciones radicales sean sanas, pero algunas relaciones parecen favorecer más a la industria o al médico que al paciente. Si recibo un porcentaje de utilidades (en forma de viajes, comidas o efectivo) por cada caja de medicamentos formulada o por cada procedimiento o examen ordenado, es menos probable que pueda mantener mi objetividad. Si se me olvida preguntar a mis pacientes sobre el consumo de tabaco y alcohol, sobre su sedentarismo o sobre sus hábitos nutricionales, que son las grandes causas de enfermedad y muerte en nuestra sociedad, la falta no parece tan grave ni tan obvia, pero puedo estar favoreciendo a la industria automotriz, a la industria digital, a la industria de alimentos y, por supuesto, a la astuta y millonaria industria del tabaco y el alcohol.

En el ámbito de la salud pública el dilema es aún mayor, la magnitud de los retos es inmensa, los recursos escasos y las consecuencias de cada decisión inciertas.Nos deben orientar la evidencia internacional, los análisis costo-beneficio y el abordaje intersectorial para los grandes problemas de salud.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador en septiembre 28 – 2014

Fotografía de Mercy Health, usada bajo Licencia Creative Commons.