azúcar

blog | ¿Impuesto a las gaseosas y toda la comida?

 

El debate acerca de posibles fuentes de financiación para nuestro pobre sistema de salud es cada vez más necesario. Todos estamos de acuerdo en erradicar la corrupción y la decadente intermediación, así como el lucro inescrupuloso de la industria farmacéutica, de equipos e insumos médicos. También es urgente el cambio de un esquema perverso de remuneración por eventos atendidos o servicios prestados hacia un manejo integral responsable que busque la prevención y el manejo médico de alta calidad para cada colombiano.

El impuesto a las gaseosas, por supuesto bien intencionado, parece una medida poco inteligente, mal documentada y sobretodo bastante inocente por no decir ignorante con relación al tema del sobrepeso y la obesidad. ¿Sabia usted, por ejemplo, que al tomar 500 ml de gaseosa con azúcar está ingiriendo aproximadamente 250 calorías (kcal), que son tan solo el 10% de las calorías que comemos muchos colombianos todos los días? ¿O que más del 30% de las gaseosas tienen cero calorías? Que es menos que cualquier jugo, té, vino o cualquier bebida que no sea agua? ¿O que un par de cucharadas (100g) de arroz, papa, yuca, pasta, avena integral tienen cerca de 400 kcal, bastante más, 8 veces más, que las 50 kcal de 100 ml de gaseosa con azúcar?

El cuerpo humano, como cualquier organismo vivo, requiere de grandes cantidades de energía para mantener las funciones vitales, tales como la respiración, la circulación y el equilibrio de sustancias necesarias para el adecuado funcionamiento de cada célula. Las grasas y carbohidratos tienen como función prioritaria el aporte de energía. Los carbohidratos, se degradan a disacáridos (azucares) y finalmente se convierten en glucosa (azúcar), el sustrato energético más importante para nuestro organismo. La glucosa es el combustible por excelencia de las neuronas y los glóbulos rojos y tiene la gran cualidad de ser la única opción de generar energía en ausencia de oxigeno o sistemas oxidativos complejos como las mitocondrias.

Teniendo en cuenta entonces que la epidemia de obesidad y diabetes es un fenómeno multifactorial donde la reducción dramática de los niveles de actividad física laboral, en el hogar y en al transporte explican gran parte del fenómeno, parece sensato dirigir todos los esfuerzos de nuestra sociedad a la promoción de estrategias que aumenten el ejercicio y la actividad física.

Si los impuestos han de ser la salvación de nuestro sistema de salud, sugiero aumentar el impuesto a la gasolina y al petróleo que mueven los motores y contribuyen al sedentarismo, a la electricidad que mueve ascensores y escaleras eléctricas, recientemente también carros y bicicletas. También a los computadores que nos esclavizan frente a las pantallas, pero demás  a todos y cada uno de los alimentos sobre la faz de la tierra pues son una fatal fuente de calorías vitales.

 

JD

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador versión web el 06 de octubre, 2016.
Fotografía de Scuddr usada bajo Licencia Creative Commons.

blog | ¿Cuántas calorías necesitamos?

 

Parece increíble, pero aun no nos hemos puesto de acuerdo en la cantidad de calorías que debemos recomendar a los seres humanos para vivir saludablemente. Una vez más, no se trata de opiniones personales sino de mediciones cuidadosas, metodológicamente correctas.

Mientras que el gasto de energía de nuestros electrodomésticos, automóviles y fábricas ha sido medido y calculado con absoluta precisión, la medición del gasto calórico de cada persona sigue siendo imprecisa y especulativa . Para la industria y la economía, un pequeño error en estos cálculos podría tener graves consecuencias; para el ser humano, ha sido sin duda una de las causas más importantes de malnutrición. En la práctica, solo cuestionamos las recomendaciones cuando el resultado es claramente negativo, es decir, cuando aparece la enfermedad.

Gracias a la tecnología, la cantidad de energía que necesita un ser humano se puede calcular con bastante precisión. En reposo, por ejemplo, se puede medir fácilmente cuánto oxígeno utiliza una persona para su metabolismo y cuanta energía ha gastado. Este método, llamado calorimetría indirecta o VO2 en reposo, se utiliza en los laboratorios de investigación metabólica.

También se puede estimar con fórmulas matemáticas, pero con frecuencia hay  algunos errores, como multiplicar el gasto por el peso actual y no por el ideal, así como sobreestimar los niveles de actividad física de vida diaria.

Supongamos el caso de una mujer de 40 años, 1,65m de estatura y un peso ideal de aproximadamente 60 kg, pero que pesa  70kg. Las estimaciones sugieren necesidades basales de 20 kcal por kg de peso ideal, es decir, 1.200 kcal, y no 1.400 kcal como pensarían algunas personas. Por supuesto, debemos sumarle al requerimiento basal unas calorías por su actividad física diaria. De las 24h (1.440 minutos), dormimos o estamos en reposo la gran mayoría del día. Algunas personas logran estar de pie y caminar unos  minutos, pero muy pocos individuos, con excepción de los deportistas y algunos trabajadores del campo, realmente elevan su gasto energético más de  dos horas diarias.

Caminar una hora, sin parar ni un minuto, consume aproximadamente 200 kcal. Las 2.000 kcal que tanto recomendamos serían un exceso.  Sugiero recalcular nuestras necesidades energéticas reales, ojalá con mediciones y cálculos precisos como parte de la búsqueda de un equilibrio energético saludable.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el diario El Espectador en junio 7/2015.

Fotografía de Vanessa Collazos / Flickr, usada bajo licencia Creative Commons.

 

blog | Sal y azúcar: ¿los malos del paseo?

 

Pocas sustancias en la naturaleza han sido tan calumniadas como la sal y el azúcar.

Nuestra sociedad está inundada de mensajes de salud tan atrevidos como ignorantes, si bien quizás, no lo niego, con buenas intenciones. El afán de simplificar los mensajes o prohibir toda fuente de placer para impactar a grandes grupos de consumidores mal informados ha llevado a medios de comunicación, educadores y aun a muchos profesionales de la salud a promover conductas y hábitos cuya evidencia no es tan clara, por lo menos no lo suficiente, como para generalizar o satanizar tan importantes nutrientes.

La Sal

Fotografía de Kaptain Kobold

Fotografía de Kaptain Kobold

La sal común (cloruro de sodio) ha sido responsabilizada como la gran culpable de la hipertensión arterial: una visión simplista que desconoce la maravillosa complejidad de la regulación circulatoria por decenas de sustancias, además del consumo de sal. La restricción de sal en pacientes hipertensos parece reducir tan sólo 3-5 mm Hg la presión arterial, menos de la mitad de lo que se ha evidenciado para el ejercicio regular o para una reducción sensata de peso de unos 4 o 5 kg, de los 10 o más que nos sobran a la mayoría de colombianos adultos hipertensos.

Pocos mensajes aclaran que se trata de uno de los componentes más importantes de nuestro cuerpo y sus fluidos corporales. Sería imposible, por ejemplo, que una célula pudiera vivir si no se mantuviera un estricto control sobre las concentraciones de sodio y cloro por medio de las membranas celulares. Tan sólo unas pequeñas reducciones en la concentración de sodio pueden ocasionar alteraciones severas en el funcionamiento del cerebro y muchos otros órganos. La falta de un consumo adecuado de sal en mujeres jóvenes, físicamente activas, es causa frecuente de desmayos y mareos mal llamados “hipoglicemias”, que se explican generalmente por presiones arteriales bajas. Estos trastornos requieren de un aumento en la ingesta de sal y líquidos.

El Azúcar

El azúcar también ha sido declarado enemigo público. Se nos olvida, o nunca lo aprendimos, que es el nutriente más importante para el cerebro humano, que una reducción en los niveles sanguíneos de azúcar puede ser fatal en pocos minutos.

Fotografía de Raquel Carmona Romero

Fotografía de Raquel Carmona Romero

También es útil recordar que casi todo lo que comemos se convierte estratégicamente en azúcar en la sangre (glucemia), aun el pan integral triple grano o el arroz orgánico, la quinua, la papa, la arepa o la pasta. Más aún, es tan vital para el buen funcionamiento del cerebro, de los músculos y de los glóbulos rojos que el hígado es capaz de fabricar grandes cantidades de glucosa a partir de grasas y proteínas cuando la ingesta no es suficiente, fenómeno bastante extraño para una sustancia sentenciada como tóxica. Moderación en su consumo, como todo en la vida, parece lo más sensato.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador en febrero 15 – 2014
Fotografías de Reuben EggarRaquel Carmona Romero y Kaptain Kobold, usadas bajo licencia Creative Commons.