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blog | Muerte súbita del deportista

 

La muerte sigue siendo un fenómeno doloroso, desconcertante y catastrófico para la mayoría de los seres humanos. Para quienes trabajamos en salud y buscamos “salvar vidas”, prevenir y curar la enfermedad, generalmente es sinónimo de fracaso y frustración.

Pero la muerte de un joven deportista nos duele a todos aun más. ¿Por qué alguien que ha cultivado los buenos hábitos y el máximo desarrollo de sus capacidades físicas y mentales con esfuerzo y disciplina, rodeado además de ciencia y tecnología, puede fallecer súbitamente?

Esta tragedia ha sido motivo de numerosos estudios, que han permitido entender el fenómeno y proponer estrategias para mitigarlo. En primer lugar, la muerte de jóvenes deportistas se debe a enfermedades congénitas especialmente del corazón, relativamente esquivas a los chequeos de rutina  por pediatras o médicos generales. Las más importantes son la cardiomiopatía hipertrófica (engrosamiento anormal de las paredes del corazón), alteraciones en las válvulas cardiacas o la anatomía o función de las arterias coronarias (las que llevan sangre al corazón), así como a predisposiciones congénitas a arritmias severas. Las causas adquiridas son generalmente de origen infeccioso, viral o parasitario, como la enfermedad de Chagas, sub-diagnosticada pero muy prevalente en nuestro país.

El corazón de los deportistas jóvenes también es vulnerable tóxicos tolerados todavía sin razón por nuestra sociedad, tales como el cigarrillo, el alcohol, la cocaína y muchos estimulantes modernos. Vale la pena mencionar que la enfermedad coronaria, que solía afectar a mayores de 30 años, cada vez es más frecuente en jóvenes con factores de riesgo no bien identificados oportunamente como el colesterol elevado, la presión alta o las alteraciones en la glicemia.

¿Qué hacer? En primer lugar debemos seguir con más seriedad las recomendaciones y esfuerzos internacionales para controlar todos los factores de riesgo cardiovascular, en especial el tabaquismo, la hipertensión, el sedentarismo y el sobrepeso. Todo deportista competitivo, de cualquier edad debe tener acceso a una evaluación rigurosa de su sistema cardiopulmonar y osteomuscular, que afortunadamente es cada vez más accesible en nuestro país. Además de una buena historia clínica, tienen gran importancia exámenes como el electrocardiograma de esfuerzo y el ecocardiograma, que en buenas manos logran detectar la gran mayoría de enfermedades que causan la muerte súbita del atleta.

Los medidas preventivas básicas para todo deportista incluyen hidratación adecuada, entrenamiento progresivo de baja y moderada intensidad antes de afrontar retos competitivos, no realizar ejercicio con fiebre, deshidratación o “guayabo”, así como  el tamizaje y búsqueda activa de factores de riesgo cardiovascular por profesionales expertos.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador versión web el 26 de marzo, 2018.

blog | Fit versus Fat

 

Ante la evidente epidemia de sobrepeso en todos los rincones de la tierra, surgen inquietudes sobre sus causas y consecuencias, pero sobretodo sobre las urgentes estrategias que logren controlar o por lo menos reducir la mitigar su magnitud e impacto en salud.

Parece redundante explicar nuevamente que la acumulación de grasa corporal se debe al simple y matemático resultado de un relativo exceso de energía ingerida con relación al reducido gasto calórico de la gran mayoría de seres humanos. La complejidad está en la difícil comprensión de los numerosos mecanismos biológicos y socioculturales que determinan tanto la ingesta como el gasto calórico.

Pero recientemente se han encontrado asociaciones aún más interesantes con relación a la salud. Es innegable que las enfermedades crónicas siguen en aumento y en general se asocian a sobrepeso, sedentarismo y hábitos nocivos como el consumo de alcohol y tabaco. Lo interesante, sin embargo, es entender cómo funciona en realidad la interacción entre los diferentes factores de riesgo, para quizás priorizar las estrategias de intervención y control. Por ejemplo, es más importante dejar de fumar o bajar de peso? La respuesta es sin duda erradicar el cigarrillo y los productos del tabaco de la faz de la tierra.

Pero la respuesta es menos obvia cuando hablamos de actividad o capacidad física (“fitness”) y sobrepeso o acumulación de grasa (“fat”). Este interesante dilema ha sido estudiado y aclarado en los últimos años. Tenemos claro, por ejemplo, que en general, las personas que se mueven más, consciente o inconscientemente, están más fit y acumulan menos grasa.

Pero los hallazgos más sorprendentes muestran que una persona delgada pero sedentaria y con una pobre condición física puede tener una mayor mortalidad, un mayor riesgo, que una persona con sobrepeso pero con buena condición física. El menor riesgo lo muestran entonces las personas con una mejor condición física, combinada con un peso normal.

Las implicaciones prácticas de estos hallazgos han llevado a las autoridades de salud pública a recomendar como una gran prioridad para toda la población, promover mayores niveles de actividad física para alcanzar un mejor fitness y reducir así el riesgo de más de 10 enfermedades como la diabetes, el infarto, la hipertensión, el cáncer entre otras. Por supuesto, si además de estar más “fit” se logra estar en un peso más bajo, tendremos un doble beneficio. Estar fit parece màs importante que no estar fat.

 

JD

 

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador versión web el 19 de septiembre, 2018.

blog | Deporte y Desarrollo

 

En un momento histórico, tan importante para nuestro país, vale la pena reflexionar sobre las prioridades y los factores determinantes de un verdadero plan de desarrollo. No cabe duda sobre la importancia crucial de la infraestructura, la industria y el desarrollo del campo; imposible imaginar un país en paz, sin justicia social, menos inequidad, mejor salud y educación.

Pero quiero llamar la atención sobre un sector o mejor, un fenómeno social que amerita más atención y apoyo del estado y del sector productivo. El deporte, la recreación y el uso del tiempo libre ofrecen oportunidades singulares para el trabajo intersectorial con gran impacto en el desarrollo de la sociedad moderna.

En primer lugar, es relativamente accesible a todos los grupos sociales, como lo acabamos de ver en la brillante actuación de nuestros deportistas en los pasados Juegos Bolivarianos. Correr, saltar o luchar bien, es resultado no solo del inmenso potencial genético de algunos colombianos sino también de un admirable trabajo disciplinado, persistente y bien orientado por muchos años. No es privilegio de unos pocos apellidos, ni de monopolios económicos, políticos o sociales. Muchos, la gran mayoría, de nuestras grandes figuras deportivas que han llevado el nombre de Colombia a los Juegos Olímpicos y a los grandes campeonatos del mundo son fruto de un inmenso sacrificio personal y familiar, por supuesto también con el apoyo del estado en las etapas finales de la carrera deportiva.

Las escuelas de formación deportiva, los programas como “supérate”, los juegos nacionales y los numerosos campeonatos nacionales e internacionales han llevado escenarios, dotación y formación deportiva a los más apartados rincones de nuestro país. Vale la pena resaltar que no solo se tata de los grandes escenarios, estadios, piscinas y pistas construidas con estándares internacionales en las principales ciudades del país. También se han adecuado y construido cientos de polideportivos y canchas múltiples, se han dotado miles de escuelas con implementos deportivos, asi como con profesionales calificados, que han podido llegar a los municipios más pobres y abandonados por otras estructuras del estado.

Desde el punto de vista social, hay valores intangibles a veces subestimados en los planes de desarrollo municipal o nacional. Un niño o un joven adolescente pueden recibir a través del deporte grandes aportes a su formación como ser humano, como ciudadano. Elementos fundamentales como el juego limpio, la disciplina y el respeto por las normas y la autoridad, la sana competencia, el manejo constructivo de las pasiones y las emociones, el trabajo en equipo hacia metas claras, concretas  y ambiciosas pueden llegar mejor al corazón de nuestros estudiantes que muchas clases y conferencias a cerca de valores y normas sociales. Qué bueno que muchos de nuestros dirigentes y líderes políticos y empresariales pudieran recordar repasar cuidadosamente estos valores fundamentales al lado de niños y adolescentes durante la práctica deportiva.

En salud, los beneficios de promover el deporte y la actividad física tiene la mayor relevancia, según lo reconocen la Organización Mundial de la Salud y todas las grandes autoridades de salud pública. Esta ampliamente demostrado que podríamos reducir los costos en salud dramáticamente, si el estado tomara decisiones más contundentes para promover y apoyar la práctica del deporte y la actividad física a todas las edades y en todos los sectores. Economistas expertos en el tema calculan que el retorno de la inversión es amplio, por cada dólar invertido, se pueden ahorrar 3 en costos directos e indirectos en salud. La evidencia muestra una reducción entre el 30 y el 50% para las principales causas de enfermedad y muerte en Colombia, tales como la Enfermedad Cardiovascular, la Obesidad, la Diabetes y el Cáncer.

Todo lo anterior para decir que pocas inversiones tienen un impacto tan amplio y tan coherente en una sociedad. Nuestros nuevos dirigentes tienen la obligación, con o sin Ministerio del Deporte, de asignar recursos suficientes a uno de los pilares de nuestro desarrollo en paz: El Deporte.

 

JD

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador versión web el 08 de diciembre, 2017.

blog | Obesidad: un negocio redondo

 

La epidemia de sobrepeso y obesidad es sin duda una legítima preocupación para todos los profesionales de la salud y las autoridades de salud pública. Lo que quizás no todos vemos con claridad es la complejidad del “negocio” e implicaciones económicas de este fenómeno.

En primer lugar, está bien documentado que los costos en salud se incrementan exponencialmente con el sobrepeso y la obesidad. Estos pacientes se enferman más, requieren más medicamentos, se complican más durante y después de cirugía y su reintegración a la vida productiva es más difícil. Sin ser experto en temas administrativos o financieros, surgen algunos interrogantes: ¿Quién debe pagar o asumir estos costos? ¿Para dónde van esos dineros? ¿Quién es responsable de prevenir esta cadena de problemas? Las respuestas son igualmente complejas, pero me permito alertar sobre algunas opiniones, no siempre basadas en evidencia científica y frecuentemente buscando un lucro personal, empresarial o hasta político.

¿Quién debe pagar? Si una aerolínea, tren o bus cobran dos puestos a alguien que no cabe en un puesto, parece justo que esa persona pague el doble del respectivo tiquete. Pero ¿si alguien gasta en su propia salud el limitado presupuesto de otros 10 o 20 colombianos, el estado debe cubrirlo, quitándole inevitablemente recursos básicos como seguridad alimentaria, vacunas, saneamiento ambiental, vivienda o educación a la población más vulnerable? La respuesta duele más o menos dependiendo de qué lado este cada uno. Y si los costos de los medicamentos o procedimientos para controlar la obesidad corresponden a los recursos de cientos de colombianos, ¿quién define responsabilidades y equidad en salud?

¿Para dónde va el dinero? No estoy seguro, pero sé que los profesionales de la salud recibimos una parte en honorarios por prestar nuestros servicios, la industria farmacéutica sigue creciendo según demanda masiva de productos relacionados con el tema y el mercado, o como dicen los expertos “su majestad el mercado”, define el futuro, no importa si está bien, si es justo, ni siquiera si existe ciencia o evidencia convincente. Mientras exista demanda vale la pena.

¿Quién es responsable de prevenir? Nuestra falta de claridad en esta respuesta también es una oportunidad de negocio. Si la clave fuera comer menos, todo actor de la sociedad que facilite o promueva el peligroso “hábito de comer y disfrutarlo” debería cuestionar su propia responsabilidad: las madres, las abuelas, los odontólogos, las cafeterías, los restaurantes, los hoteles, los eventos sociales, la agricultura, la ganadería, la lista sería interminable. Si por el contrario, la clave fuera el sedentarismo, los culpables serian la televisión, la tecnología, la industria automotriz, los ascensores o la maquinaria agrícola e industrial. ¿Usted qué opina?

 

JD

 

 

Fotografía adaptada de Kyle May/Flickr, usada bajo licencia Creative Commons.

 

blog | ¿El derecho a la salud o a la enfermedad?

 

En esta época de reflexión sobre los derechos y deberes de los colombianos, se hace aún más evidente la necesidad de profundizar en el derecho constitucional a la salud. Sin duda es un derecho fundamental, sin el cual no puede haber paz ni desarrollo. Es fácil señalar, acusar o juzgar a un asesino, o a un ladrón, en especial si su estrato socioeconómico es bajo o si su convicción política es de izquierda.

Pero ¿quién debe responder por los crímenes atroces, como permitir que en nuestro país sigan muriendo miles de niños de física hambre, o madres y niños por falta de una mínima atención sanitaria? ¿Quién es juzgado y condenado en la Fiscalía por la mortalidad y las secuelas de por vida en niños y adultos a causa de enfermedades inmunoprevenibles como polio, sarampión, tétano, influenza, infecciones por neumococo y hepatitis B, entre otras? No creo que la responsabilidad sea sólo del sector salud y las soluciones requieren sin duda de un enfoque moderno intersectorial.

¡El derecho a la salud debería ser, verdaderamente, un derecho constitucional a no enfermarse, a proteger y preservar la salud, y no sólo un derecho a la tan anhelada atención hospitalaria cuando se hace evidente la enfermedad y generalmente ya no hay mucho por hacer!

Recientemente se discutieron en Bogotá conceptos como ciudades y comunidades “verdes” o “saludables”, que no se refieren en lo más mínimo a más hospitales o centros de salud, ni siquiera a más médicos, enfermeras o medicamentos. Se refieren al énfasis masivo en transporte activo, a parques, a espacios cerrados y abiertos libres de humo y sustancias tóxicas (parques, playas, escenarios deportivos y espacios públicos). También se sugiere, cada vez con mayor evidencia, la importancia de ambientes e incentivos urbanos y rurales para la promoción de la actividad física.

Aunque parezca obvio, en nuestro país aún estamos lejos de satisfacer las necesidades básicas para garantizar el derecho a la salud, tales como el derecho a un lecho y a un techo, el acceso al agua potable, a las frutas y a las verduras frescas y de buena calidad, a los alimentos ricos en proteínas y a una vida cotidiana con menos sedentarismo, menos cigarrillo y menos alcohol.

Estos derechos poco o nada tienen que ver con médicos, enfermeras y hospitales. Las grandes soluciones a estos retos de la salud mundial provienen de sectores y líderes de la industria y el comercio, el diseño urbano y la ingeniería, la agricultura, el transporte, la economía y la política pública. ¡El derecho a la salud o a la enfermedad es responsabilidad de todos!

 

JD

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador versión web el 22 de octubre, 2016.
Fotografía de Matthew Perkins usada bajo Licencia Creative Commons.

blog | Deporte y paz

 

Nuestro sueño de la paz, con equidad y justicia, parece cada vez más cercano. Este inmenso reto para nuestra sociedad requiere, sin duda, del compromiso de todos los sectores, incluso del sector de la recreación y el deporte.

En el fondo se trata de brindar a cada ser humano oportunidades y apoyo para alcanzar un óptimo desarrollo, físico, sicológico y social, que permita reducir al mínimo los estragos de nuestra naturaleza violenta, diseñada desde nuestros genes animales para sobrevivir en condiciones adversas a cualquier costo.

Son muchos los elementos en la recreación y el deporte, identificados hace tiempo por sociólogos y educadores que pueden contribuir en gran medida al óptimo desarrollo del ser humano. Desde los primeros años de vida, los niños expuestos a mayor variedad de estímulos ambientales, contacto estrecho con la naturaleza, juegos, danza y deportes variados, desarrollan mejores capacidades cognitivas y psicosociales. No sólo se trata de activación de nervios y músculos, hormonas, corazón y pulmones.

El deporte es un escenario pedagógico fascinante. Valores como la identificación temprana de fortalezas y debilidades individuales, la sana competencia, la disciplina, la honestidad y el juego limpio, la tolerancia a la frustración, el manejo del triunfo y la derrota son tan sólo algunos elementos bien documentados, todos ellos fundamentales en una sociedad que busca la sana convivencia y la paz.

No conozco detalles de la inversión social presupuestada, pero el deporte, en especial para niños y jóvenes, debe ser sin duda una altísima prioridad. Hasta hace un año, el rubro dedicado a la recreación y el deporte no superaba el 1 % del presupuesto nacional, siendo tristemente el más alto de nuestra historia. Los países más desarrollados, incluso en Latinoamérica, invierten dos o tres veces más en este importante sector. A pesar de las limitaciones, nunca habíamos tenido una figuración internacional tan importante, ni ganado tantas medallas y galardones en todo el mundo. La infraestructura deportiva ha logrado también llegar a municipios y pueblos más apartados, donde aún no llegan la infraestructura vial o los servicios de salud.

No descuidemos el inmenso potencial de la inversión en deporte y recreación en estos momentos críticos para la vida nacional. Todo niño y joven de Colombia debe tener el derecho a educación física diaria y a escuelas de formación deportiva. Qué bueno que aprendamos a resolver nuestras diferencias, no con violencia ni armas, sino con juego limpio, trabajo en equipo y reconocimiento de los derechos y méritos ajenos.

JD

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador versión web el 06 de octubre, 2016.
Fotografía de Canva usada bajo Licencia Creative Commons.

blog | Proteínas y ejercicio

 

El aporte de proteínas en la dieta y la necesidad de suplementos de proteínas para lograr una óptima ganancia de masa muscular han sido estudiados hace décadas. Las verdades a medias para no decir “engaños” han permitido el crecimiento exponencial de dietas hiperprotéicas y suplementos muchas veces innecesarios.

Es importante recordar que nuestros venerados músculos están constituidos en su mayor parte por agua, como muchas de nuestras células. De 1 kg de músculo, aproximadamente el 70% es agua, quizás un 10 % grasa y tan solo un 20% proteínas.  Esto quiere decir que si la dieta fuera la única fuente de proteínas, serían suficientes tan solo 200g, es decir 10 gramos al día (1 huevo) para fabricar 1 kg de músculo en 20 días. Adicionalmente, es poco conocido que nuestro cuerpo reutiliza permanentemente gran cantidad de proteínas, de acuerdo a las prioridades fisiológicas de cada momento y de cada órgano.

Las proteínas están hechas de aminoácidos, pequeñas estructuras químicas que se diferencian de los carbohidratos simples y grasas en especial por la presencia de nitrógeno en su molécula. Ese nitrógeno, tan esencial para la vida, también puede ser tóxico si sus niveles son muy altos. Son bien conocidos los daños al cerebro y a todo el organismo producidos por niveles tóxicos de nitrógeno en forma de amonio o urea cuando fallan el hígado o el riñón.

Las necesidades de proteínas para un óptimo estado de salud están alrededor de 1 gramo por kg de peso ideal y para ganar masa muscular se recomiendan aproximadamente 1.5 gramos por kg, pero no más de eso. Es importante verificar periódicamente la función renal y hepática para evitar complicaciones. Las autoridades científicas consideran que en general no es necesaria la suplementación, aun en atletas de alto rendimiento. Una dieta sana y en especial las dietas de los atletas, por lo general muy ricas en calorías y proteínas, brindan la cantidad necesaria de aminoácidos para garantizar las necesidades del músculo.

En poblaciones especiales como ancianos, niños con desnutrición o adultos sometidos a dietas restrictivas, bajas en calorías, puede ser útil o necesario ofrecer suplementos como estrategia para optimizar el aporte de proteínas. Tenga en cuenta que la calidad y fuente de proteínas de estos productos es muy variable y algunos contienen sustancias anabólicas o estimulantes que pueden afectar la salud.

 

 

JD

 

 

blog | Salud Cardiovascular: ¿qué nos falta?

 

Casi todos hemos vivido la muerte de un amigo o ser querido por causa cardiovascular y nos preguntamos con preocupación por qué no se ha logrado reducir aún más esta enfermedad fatal. ¿Será que faltan más cardiólogos , cirujanos cardiovasculares o grandes inventos no importa cuánto cuesten, que puedan por fin controlar esta epidemia?

Esta preguntas se hace continuamente en el medio científico y las respuestas sorprenden por su simplicidad. Nunca antes habíamos comprendido mejor la fisiopatología, es decir los mecanismos biológicos que explican la enfermedad cardiovascular, nunca antes habíamos tenido tantas y tan increíbles opciones farmacológicas e intervencionistas, pero las cifras de eventos y muertes no parecen reflejarlo. Que hay detrás de estos resultados frustrantes para médicos y pacientes? Muchas de las explicaciones parecen estar en aspectos comportamentales y administrativos. Como en las grandes empresas y los proyectos exitosos, el control de calidad permanente, los indicadores objetivos y los frecuentes y minuciosos análisis costo vs beneficio son indispensables si queremos cambiar los desenlaces.

Es increíble por ejemplo, que la hipertensión arterial, el gran asesino silencioso de la humanidad, que además padece cerca de un 30 % de los adultos en Colombia, no esté totalmente controlada. Su prevención está ampliamente documentada, su diagnóstico es sencillo y barato, su tratamiento está al alcance de todos los colombianos con medicación incluida en el plan obligatorio de salud. Sorprendentemente llegan todos los días a nuestros hospitales, pacientes con daño cardiaco, renal cerebral y neurológico por esta enfermedad. También sabemos que el sobrepeso aumenta el riesgo de infarto, diabetes, cáncer y numerosas enfermedades, conocemos sus causas y su prevención y su tratamiento, pero la mitad del país sigue con sobrepeso. Los niveles elevados de colesterol, no siempre relacionados con la dieta, el tabaquismo y la diabetes, son igualmente prevenibles, fáciles de diagnosticar y relativamente accesible su buen manejo, pero siguen sin ser controlados en miles de personas que deambulan por nuestras ciudades y campos esperando el desenlace lógico, un evento cardiovascular y en muchos casos la muerte.

Usted puede reducir su riesgo casi totalmente, si verifica con cuidado el cumplimiento riguroso y objetivo de los grandes factores de riesgo, no busque disculpas, ni se distraiga con creencias mal documentadas. Dejar el sedentarismo, no fumar, alimentarse bien y moderar el consumo de alcohol, no son utopías o conductas imposibles, ni mucho menos responsabilidad de las autoridades de salud, son decisiones de cada colombiano. Tener un colesterol, una presión y una glicemia normal son metas totalmente factibles, con la ayuda de nuestro sistema de salud. Nos falta una decisión personal seria y responsable.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador, el domingo 13 de marzo, 2016.
Fotografía de Fotografía de Vanessa Collazos, todos los derechos reservados.

blog | Atención primaria, ¿la solución?

 

El Ministerio de Salud ha venido construyendo en los últimos años, incluso desde gobiernos anteriores, una propuesta centrada en la muy renombrada atención primaria en salud.

El concepto es muy antiguo, quizás adecuado, es aplicado en varios países desarrollados y tiene sentido desde varias perspectivas. Los costos en salud, si se pretende brindar cobertura universal de alta calidad, son tan altos que siguen siendo una utopía para cualquier economía, mucho más para nuestro país. Es imposible pretender que nuestro sistema pueda garantizar cirugías complejas, cuidados intensivos, trasplantes, diálisis y hospitalizaciones prolongadas a más de 40 millones de colombianos, las cuentas no dan. Esto quiere decir que nuestro preciado derecho constitucional a la salud va más allá de las posibilidades realistas de cualquier país, no nos engañemos.

Por otra parte, existen algunos ejemplos relativamente exitosos de optimización de los costos en salud, que permiten desenlaces e indicadores aceptables para la gran mayoría de habitantes. Estrategias internacionales, como reducción de costos en medicamentos y procedimientos, menos intermediación, control de calidad, esquemas de incentivos y remuneración por desenlaces y no por eventos, sistematización e integración, planeación estratégica, entre otros, están en proceso de implementación en nuestro sistema actual.

Sin embargo, surge con gran ilusión la reaparición de la figura tradicional, del médico de cabecera, médico familiar, internista o generalista con una mayor cercanía afectiva y geográfica a la comunidad, con una verdadera vocación de servicio, con nociones de salud pública y epidemiología, con elementos básicos de pediatría, ginecología, cardiología, endocrinología, reumatología, cirugía, nutrición, actividad física habilidades de comunicación, psicoterapia y, por supuesto, con una irreprochable humildad y claridad mental para definir y resolver casi todo y, sobre todo: cuando se debe pedir la opinión y la intervención de un especialista. Qué bueno que esta especie de “ironman” de la medicina nos ayudara, además con salario de médico general, perfecto.

Quisiera sinceramente pensar que es posible, pero veo grandes limitaciones en el mundo real. En las mejores facultades de medicina seguimos teniendo dificultades para priorizar contenidos y competencias curriculares, metodologías pedagógicas y sistemas de evaluación que nos ayuden a graduar cada día mejores médicos generales. La magnitud de conocimientos y destrezas necesarias para que un buen médico esté en capacidad de ser la figura central de nuestro sistema de salud es inmensa. La especialización, por lo menos en medio de la complejidad de la medicina actual, parece necesaria para ejercer atención médica de alta calidad. La formación de los miles de especialistas que necesitamos debe ser una prioridad para el Estado y las facultades de medicina.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador, el domingo 13 de marzo, 2016.
Fotografía de Fotografía de Vanessa Collazos, todos los derechos reservados.

blog | Alimentos procesados

 

Parece que en Latinoamérica y en otros lugares del mundo el tema de la nutrición genera pasiones sólo superadas por el fútbol y la política, lo cual sin duda es divertido e interesante para muchos sectores, por supuesto, más para los medios de comunicación.

Por lo general, no importa mucho quién tiene la razón, lo importante es captar la atención y el rating, usualmente con agresiones o descalificaciones mutuas como lo vemos a diario. Los alimentos procesados no son la excepción y pareciera que eso de “todo tiempo pasado fue mejor”, una frase tan popular como irracional, empieza a permear las creencias y los prejuicios populares sobre los invaluables avances en ciencia y tecnología de alimentos y nutrición.

Procesar, según la Academia de la Lengua Española, es someter una cosa, en este caso un alimento, nutriente o materia prima, a un proceso de elaboración o de transformación. No sobra decir que nuestro cerebro procesa permanentemente datos e información, pero también nutrientes y moléculas.

Aún no entiendo la gran preocupación popular y de algunos pocos profesionales de la salud sobre los alimentos procesados, quizá sólo explicable por falta de información sobre bioquímica o procesos de digestión y absorción de nutrientes en nuestro organismo.

Lavar, calentar, enfriar, cortar, moler, licuar, macerar o fritar en la cocina de la abuela no es muy diferente de hacerlo por medio de máquinas sofisticadas computarizadas, en un entorno industrial con altos estándares de control de calidad. Perdón, sí existen diferencias: en el entorno artesanal, hogareño, hay mucho más riesgo de contaminación con virus, bacterias y hongos, nadie conoce los miligramos de cada nutriente al final del proceso ni de cada porción, y, por supuesto, el Invima se escandalizaría de auditar cualquiera de los procesos caseros o de muchos restaurantes, documentando los cotidianos efectos gastrointestinales, alérgicos y tóxicos de muchos de estos alimentos supuestamente no procesados, saludables e inocuos.

Fotografía de Michael Stern/Flickr.

Fotografía de Michael Stern/Flickr.

La industria de alimentos busca los máximos estándares de calidad e inocuidad de los alimentos para cubrir una amplia gama de necesidades y, por ende, gustos y preferencias de la población. La oferta va desde productos intravenosos y enterales con algunos o todos los nutrientes necesarios para la vida y de amplio uso hospitalario, hasta alimentos de todos los tipos para todos los gustos y necesidades: agua, fibra, proteínas, carbohidratos complejos o azúcares simples, grasas de todos los tipos con o sin saturación, con o sin colesterol, alimentos con o sin calorías, con o sin grasa.

Tienen además la obligación de describir en detalle sus ingredientes y someterse a las autoridades técnicas internacionales de control de calidad.

El impacto favorable o desfavorable de un alimento poco o nada tiene que ver con ser procesado o no, por el contrario, entre más clara y definida esté la necesidad de cada nutriente y el consumo requerido para cada individuo, más posibilidades hay de preservar o recuperar la salud.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador, el domingo 15 de noviembre, 2015.
Fotografías de Michael Stern, usadas bajo licencia Creative Commons.