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blog | Diabetes y ejercicio: consejos prácticos

 

Los grandes beneficios del ejercicio para la prevención y el manejo del paciente diabético han sido reconocidos por las autoridades clínicas y de salud pública en todo el mundo.

En primer lugar, vale la pena recordar que el sobrepeso, el sedentarismo, el tabaquismo y la hipertensión son los factores de riesgo modificables que aumentan en forma exponencial el riesgo de diabetes tipo 2 y coexisten progresivamente en muchos pacientes en Colombia y Latinoamérica.

La persona que toma la decisión de llevar una vida más activa e incluir más ejercicio no sólo previene biológicamente la diabetes tipo 2 en gran medida, sino que además puede controlar el sobrepeso, la hipertensión y la ansiedad, que a su vez lo llevan a fumar y tomar alcohol. Como si fuera poco, mejoran los triglicéridos y colesterol, su riesgo de eventos cardiovasculares y su calidad de vida.

Algunos consejos mínimos para la práctica del ejercicio en un paciente con diabetes: aunque en general es mejor para la salud moverse que quedarse quieto, es recomendable tener una evaluación médica para precisar las recomendaciones. Muchos diabéticos en nuestro país han padecido la enfermedad en forma asintomática por muchos años y podrían sufrir alteraciones cardiovasculares, renales o retinianas sin saberlo.

Antes de hacer ejercicio verifique el buen uso de la medicación prescrita, procure estar hidratado y, si es posible, realice un control de presión arterial y glucometría.

Debemos buscar el mejor momento del día para cada individuo, mañana o tarde, ojalá 20 a 40 minutos para dedicarlo a algún tipo de actividad física agradable y fácil de realizar.

Aunque caminar es la alternativa más aceptada, vale la pena pensar en otras posibilidades como bailar, jugar, nadar o montar en bicicleta.

El secreto está en crear un hábito y disfrutarlo, aumentando progresivamente la duración y la intensidad del ejercicio. Pueden ser suficientes 10 o 15 minutos para empezar a ver y sentir los cambios. Para optimizar los resultados se aconseja aumentar el tiempo total de ejercicio, más que la intensidad del mismo. Algunas personas prefieren el ejercicio más fuerte y de corta duración, pero esto requiere un proceso de adaptación previo para evitar lesiones y complicaciones.

Cuando se logran dosis adecuadas de ejercicio, se pueden ver reducciones significativas en los niveles de glucemia, presión arterial y triglicéridos que requieren ajustes frecuentes en la medicación, siempre en estrecha comunicación con su médico tratante.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador, el domingo 15 de noviembre, 2015.
Fotografía de Fotografía de Vanessa Collazos, todos los derechos reservados.

blog | Carne: comer o no comer

 

La asociación entre cáncer y factores ambientales, como dieta, cigarrillo, alcohol, actividad física, sobrepeso y factores psicosociales ha sido motivo de numerosos estudios con resultados muy diversos y a veces contradictorios. Específicamente, la relación entre productos de origen animal, en especial carnes rojas o procesadas y cáncer de colon ha despertado nuevamente el interés de la comunidad internacional.

Las autoridades de salud pública tienen la obligación de orientar las políticas y, por supuesto, las conductas de la población general, pero no pueden ni pretenden tomar decisiones particulares por cada uno de los habitantes.

Las recomendaciones internacionales han sido consistentes hace varias décadas en buscar una reducción en el consumo masivo de productos de origen animal y promover el consumo de vegetales, frutas y verduras, dados los múltiples beneficios en salud cardiovascular, enfermedades metabólicas y cáncer.

En un esfuerzo serio por analizar e interpretar la reciente evidencia científica, la OMS, por medio de un selecto grupo de expertos, ha manifestado una vez más la importancia de cuidar los hábitos alimentarios y reducir el consumo de carnes procesadas. El fundamento para esta recomendación es el análisis de diferentes tipos de estudios, tanto epidemiológicos como experimentales que parecen mostrar en forma consistente un mayor riesgo de cáncer de colon (aproximadamente de un 20%) en personas con altos consumos de carnes procesadas comparadas con aquellas con consumos promedio bajos.

La gran dificultad a la hora de interpretar y comunicar esta información está en la complejidad misma de la biología humana y los desenlaces en salud. El concepto estadístico de riesgo describe una mayor probabilidad de un desenlace negativo al comparar una población expuesta con una no expuesta al factor de riesgo. Afortunadamente, la gran mayoría de las enfermedades sólo aparecen cuando confluyen varios factores que aumentan el riesgo.

Es sorprendente que nos preocupen tanto estos datos y convivamos (1 de cada 5 colombianos) tranquilamente con el cigarrillo, que mata diariamente (riesgos relativos mucho mayores al 20%) a miles de colombianos de infarto, trombosis, diabetes y, por supuesto, cáncer de colón y otros 20 o 30 tipos de cáncer según numerosos estudios publicados en los últimos 20 años. O quizás es oportuno recordar que más de la mitad de nuestra población es sedentaria y podría reducir su riesgo de cánceres de colon, seno y próstata en un 30% tan sólo con 30-60 minutos de actividad física diaria o disminuir a la mitad o menos (40-60%) el riesgo de hipertensión, infarto o diabetes siendo físicamente activo. Pero si queremos realmente reducir el riesgo de muerte rápidamente, según la epidemiología, quizá la medida más eficaz debería ser no volver a consumir alcohol, la primera causa mundial de muertes violentas o por accidentes, o mejor aún, erradicar las armas de todo tipo, un negocio bastante más lucrativo que el de la carne.

Para balancear aún más el debate, no podemos olvidar que más de la mitad de los colombianos ni siquiera pueden comprar un pedazo de carne, pues el salario mínimo que corresponde a un presupuesto menor a $3 mil por comida por familia, no le permite “darse el lujo” de los peligros de la carne y los embutidos, pero, eso sí, debe padecer las consecuencias dramáticas de la desnutrición crónica, la anemia por falta de hierro, proteínas, potasio y vitaminas del complejo B, nutrientes abundantes en la carne.

Aunque todos soñamos con la utopía de la inmortalidad, la eterna juventud y la salud física y mental perfecta, tenemos que reconocer las limitaciones de nuestra especie humana. La probabilidad de enfermar o sobrevivir está dada por numerosos factores, muchos de ellos fuera de nuestro control.

Pero la ciencia nos ha permitido identificar progresivamente cuáles de ellos podríamos controlar, por lo menos parcialmente. Y son aquellos relacionados con nuestra conducta o estilo de vida. Consumir más vegetales, menos calorías, menos carne y más pescado, no fumar, beber con moderación y practicar ejercicio varias veces por semana parecen ofrecer una reducción muy importante, no total, del riesgo de muchas enfermedades, ¡no de todas!

 

JD

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador, el domingo 1 de noviembre, 2015.
Fotografía de Fotografía de Nicole Hanusek/Flickr, usada bajo licencia de Creative Commons.

blog | Juegos Nacionales y Supérate

 

La agenda política y los progresos en transparencia, vigilancia y control en muchos sectores de la vida nacional han logrado llenar de esperanza y de ilusión a muchos colombianos, especialmente a las nuevas generaciones.

Quiero aprovechar este momento de optimismo para reconocer públicamente una vez más los grandes avances en materia de recreación y deporte en los últimos años.

Recientemente se encendió el fuego deportivo en la Sierra Nevada de Santa Marta, el centro de la tierra, ¡como lo consideran los admirables líderes de las comunidades indígenas arhuacas!

Quizás muchos colombianos desconocen la magnitud de este gran esfuerzo de 7.000 atletas en 36 deportes, lo mejor de nuestro talento deportivo, provenientes de 33 regiones del territorio nacional.

Después de rigurosos planes de entrenamiento y competencias selectivas, se reunirán en las próximas semanas en Tolima y Choco jóvenes admirables, llenos de fuerza, alegría y disciplina, para competir y luchar por sus sueños y los de sus familias.

Qué mejor ejemplo de integración pacífica y organizada, respetando normas y reglas de juego limpio, sin rencor, sin terror, sin corrupción, dando cada uno lo mejor de su mente y cuerpo en un escenario deportivo. Qué buena estrategia para premiar el esfuerzo, la dedicación y el talento deportivo. Coldeportes ha invertido más de 200.000 millones de pesos en escenarios y organización de los Juegos Nacionales en uno de los momentos más importantes de la historia del deporte nacional.

No menos importante ha sido el innovador programa Supérate – Intercolegiados, que ha permitido la participación masiva de más de 2 millones de niños en la fase intramural, cerca de 700.000 en la fase municipal, 300.000 en la fase departamental y más de 6.500 niños deportistas en competencias finales de nivel nacional.

Con menos del 1 % del presupuesto nacional, pero con un grupo de profesionales comprometidos y llenos del verdadero espíritu deportivo, el país ha logrado los mayores éxitos de nuestra historia en materia de deporte competitivo hasta el nivel olímpico y paralímpico. Adicionalmente se han fortalecido los programas de recreación y deporte para todos los grupos poblacionales, incluyendo atención a la primera infancia y a los adultos mayores, así como a los programas de hábitos y estilos de vida saludables. En un esfuerzo sin antecedentes, se ha fortalecido la infraestructura para la recreación y el deporte en todos los rincones del país.

Confiamos en que los nuevos gobernantes sigan liderando la transformación social por medio de la recreación y el deporte, cultivando, entre otros, el juego limpio que tanto soñamos en todos los sectores de nuestra sociedad.

 

JD

 

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador, el domingo 25 de octubre, 2015.
Fotografía de Juegos Nacionales/Coldeportes disponibles para descarga.

blog | Impuestos para la obesidad

 

Qué buena iniciativa que busquemos entre todos más recursos para la salud, en especial para prevenir y atender la principales causas de enfermedad y muerte de los colombianos, tales como la obesidad, la diabetes, el infarto y el cáncer.

Sin embargo, no estoy seguro de qué tan sensato y qué tan útil sea aumentar los impuestos a un sector de la industria que ha sido satanizado por algunos fanáticos del tema con pobre evidencia científica, para solucionar un problema de salud tan complejo y multifactorial como la obesidad.

¿Sabía usted, por ejemplo, que los seres humanos hemos comido cerca de 2.000 calorías por muchas décadas y que tan solo desde la aparición de los automóviles, las motos, los ascensores, la televisión y la revolución industrial se disparó la epidemia de sobrepeso y obesidad? ¿Conoce, como yo, a miles de personas que han dejado el azúcar y otros placeres para el paladar y se siguen engordando? Más aún, ¿conoce pacientes pre diabéticos y diabéticos que no comen azúcar y tienen niveles cada vez peores de azúcar en la sangre?

Algunas de las respuestas a estas observaciones están en la preocupante falta de ejercicio en nuestra vida cotidiana. La verdadera epidemia no es comer mucho. De hecho, no hay estudios que demuestren que comemos mucho más que nuestros antepasados y sin embargo nos engordamos cada día más. Por el contrario, está bien documentado que nos movemos mucho menos que nuestros antepasados.

Pero la magnitud económica del problema de salud asociado a la obesidad es innegable y sin duda debe ser abordado también desde el sector productivo. Más aun, es posible que los aportes de cada individuo al sector salud deban ser ajustados muy pronto, no solo a sus ingresos, sino a los gastos que va a ocasionar cada individuo al sector debido a sus propios hábitos. Este concepto ya ha sido implementado por pólizas y seguros privados, donde un individuo fumador u obeso debe pagar más para amortizar de alguna manera los costos en salud que va a generar a su pagador en los próximos años. Quizás lo más racional y equitativo para el país sea que cada persona, familia, comunidad o empresa reflexione y asuma los gastos ocasionados al sector salud como consecuencia de sus comportamientos poco saludables.

 

 

JD

 

Este blog fue publicado en el diario El Espectador el domingo 13 de septiembre, 2015.

Fotografía de Dani Vázquez/Flickr, usada bajo licencia de Creative Commons.

blog | Dopaje y deporte

 

Los numerosos casos de dopaje bien documentados en el deporte de alto rendimiento ilustran la complejidad de este fenómeno y el gran reto que implica su control en el deporte competitivo.

En muchos casos se juzga con severidad al atleta, quien  es el eslabón final de una cadena de presiones económicas, sociales y políticas por alcanzar el triunfo a cualquier costo, por supuesto, en mayor o menor grado se requiere de su complicidad.

A diferencia de muchas decisiones importantes en salud, la mayoría de los deportistas no tiene la información completa y objetiva sobre las ventajas y riesgos de cada una de las recomendaciones médicas, técnicas y nutricionales que recibe de sus superiores. Mas aún, la subordinación a dirigentes deportivos y patrocinadores los obliga con frecuencia a seguir rigurosamente las órdenes de sus entrenadores, médicos y directivos, quienes tienen como misión fundamental garantizar el triunfo y la figuración del atleta, de su equipo, marca, región o país, a cualquier costo.

Este entorno poco tiene de ético o de preocupación genuina y honesta por respetar el juego limpio o la salud del ser humano y pone a los grandes atletas en situaciones de poca libertad a la hora de tomar una decisión informada sobre las numerosas opciones técnicas, médicas y nutricionales que hacen parte del mundo competitivo.

La frustrante lucha contra el dopaje es un reflejo más de la incoherencia de una sociedad que aplaude únicamente el triunfo, la medalla o el título, que solo pueden alcanzar unos pocos entre miles de atletas de condiciones admirables y desconoce casi por completo la lucha heroica de niños y adolescentes por buscar un futuro mejor para ellos y sus familias. Que “lance” la primera piedra quien haya respetado todas las normas éticas y morales ante la promesa del éxito o la amenaza del fracaso…

Como en otros fenómenos preocupantes de la sociedad moderna, si realmente queremos un cambio, debemos cuestionarnos acerca de las raíces  y responsables reales del problema y no pretender solucionarlo exclusivamente por medio de reglamentos, normas y sanciones, necesarias, pero claramente insuficientes.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el diario El Espectador el domingo 1 de agosto, 2015.

Fotografía de Carly Webber/Flickr, usada bajo licencia de Creative Commons.

 

blog | Prevención de diabetes

 

Parece increíble que una enfermedad tan devastadora como la diabetes mellitus ¡pueda ser prevenida en la gran mayoría de los casos!

Mientras observamos con preocupación el aumento progresivo del número de diabéticos en Colombia, son pocos los esfuerzos serios y estructurados por parte de los sistemas de salud para prevenir esta y otras enfermedades de magnitud epidémica y estrechamente relacionadas, como la hipertensión o la obesidad.

Es tan dramático el panorama, que las grandes multinacionales de la industria farmacéutica han decidido invertir millones de dólares en medicamentos de todo tipo para el manejo integral de estos pacientes. Una vez diagnosticada, es poco probable que se pueda revertir o curar. Los costos directos e indirectos asociados al manejo de la enfermedad y sus complicaciones se han vuelto insostenibles para muchos aseguradores y por supuesto para países con recursos limitados para la atención en salud.

Pero ¿qué tal que fuera posible evitar este lamentable problema? ¿Sería factible evitar por completo que millones de personas se volvieran diabéticas? Este ha sido el propósito apasionante de cientos de investigadores alrededor del mundo, claro está, mucho menos que aquellos dedicados a nuevas terapias con dividendos promisorios para la industria y algunos prestadores de servicios de salud.

La prevención de la diabetes es un hecho bien documentado en la literatura científica reciente. Expertos americanos y europeos han podido demostrar que un adecuado control de ciertos factores de riesgo permite reducir significativamente la probabilidad de desarrollar la enfermedad. Mantener un peso normal, no fumar, consumir frutas y verduras. Realizar actividad física moderada o vigorosa casi todos los días y reducir el tiempo sentado trabajando o frente a una pantalla, son potentes estrategias para la prevención de diabetes.

Quienes acepten este reto a nivel personal, familiar o comunitario podrán reducir la probabilidad de padecer diabetes tipo 2 hasta en un 80%. Una vez más, ¡la responsabilidad del cuidado de la salud no se puede eludir, ni delegar, ni al Gobierno ni a los agotados prestadores de servicios de salud, es fundamentalmente nuestra decisión!

 

JD

 

 

Este blog fue publicado en el diario El Espectador el domingo 1 de febrero, 2015.

Fotografía de Don DeBold/Flickr, usada bajo licencia Creative Commons.

blog | Salud mental y ejercicio

 

La salud mental ha adquirido un especial interés para la gran mayoría de seres humanos de todas las edades y situaciones socioculturales. Ya no se trata de un asunto de locos o sanatorios, es un tema que afecta la calidad de vida de cada persona.

Son tan importantes las ventas de medicamentos antidepresivos y ansiolíticos (con o sin receta) en el mundo, que constituyen hoy en día una de las principales fuentes de ingresos para la industria farmacéutica.

Afortunadamente han aumentado también los profesionales dedicados al tema: psicólogos, psicoterapeutas, psiquiatras, neurólogos, instructores de yoga y hasta maestros y coaches que nos ofrecen alcanzar la felicidad o, por lo menos, mitigar el sufrimiento. La oferta es tan amplia y los resultados tan variados que es difícil encontrar la mejor opción.

Sin embargo, la mayoría de investigadores en el tema coinciden en que podemos hacer mucho por nuestra salud mental con estrategias relativamente sencillas y al acceso de todos. En primer lugar, debemos recordar que dormir bien, en calidad y cantidad, es sin duda una gran prioridad. Tener y cultivar buenas relaciones interpersonales, una vida espiritual sólida, una nutrición adecuada y una baja exposición a tóxicos como el cigarrillo, el alcohol y otras sustancias psicoactivas han demostrado reducir los problemas de salud mental. Pero quizás lo más sorprendente es el descubrimiento reciente acerca de los beneficios del ejercicio sobre la ansiedad, la depresión, las adicciones, el insomnio e, inclusive, sobre los trastornos neurodegenerativos como la enfermedad de Alzheimer o el párkinson.

Hace muchos años se habían descrito sustancias similares a la morfina, “endorfinas”, producidas en el cerebro durante el ejercicio de alta duración o intensidad. Recientemente se han descrito además numerosos mecanismos y neurotransmisores liberados durante el ejercicio, como la dopamina y la serotonina, capaces de inducir sensaciones placenteras que alivian el estrés y mejoran la calidad de vida.

La más interesante, descubierta hace pocos años, es el “BDNF o factor neurotrópico derivado del cerebro”, capaz de mejorar la memoria, la concentración y la resistencia de las neuronas a la injuria y hasta de retardar los procesos neurodegenerativos. Adicionalmente se ha demostrado que es posible aumentar la producción de esta sustancia haciendo ejercicio a cualquier edad.

Nunca es tarde para cuidar nuestra salud mental, en especial si tenemos las herramientas básicas al alcance de todos. Pregúntele a su terapeuta.

JD

Este blog fue publicado en el diario El Espectador en junio 14/2015.

Fotografía de Darren Flinders/Flickr, usada bajo licencia Creative Commons.

 

blog | Glifosato vs. tabaco

 

No tengo dudas sobre la decisión de no fumigar con glifosato. Lo que me preocupa es el sensacionalismo alrededor de estas decisiones.

Se nos olvida que todos los días mueren en Colombia y en el mundo miles de seres humanos a consecuencia del humo del tabaco: la mayor amenaza para la salud humana y el medio ambiente, reconocida por la OMS y por todos los gobiernos del mundo. Los ambientalistas saben que las colillas de cigarrillo constituyen uno de los mayores tóxicos para el medio ambiente, contaminan instituciones, ciudades, parques, playas y ríos, intoxicando pequeños animales, aves y mascotas. Lo sorprendente es que la lucha de nuestras sociedades sea tan tímida, tan incoherente, tan egoísta.

Los pocos valientes, en el Gobierno y en la sociedad, que se han atrevido a enfrentar este flagelo, han recibido amonestaciones de sus superiores y hasta amenazas contra su vida, en el mejor de los casos, simplemente han sido ignorados. El negocio de la industria del tabaco es tan lucrativo para las multinacionales y algunos sectores de la sociedad, que se cuestionan e ignoran las recomendaciones de las grandes autoridades de salud y desarrollo sostenible.

Nuestro país ha logrado algunos avances, pero aún estamos lejos de cumplir a cabalidad con el convenio marco de la OMS para el control del tabaco, en especial en materia de impuestos, seguimiento y control de la implementación de cada estrategia y recomendación. Seguimos vendiendo cigarrillos a precios muy bajos con relación al resto del mundo, con advertencias y control sanitario insuficiente, pero sobre todo con una increíble e indignante tolerancia social, hasta que la enfermedad, por lo general mortal, toca a nuestros familiares directos.

Es cierto que el daño a la salud, desde el embarazo y el período neonatal hasta el sufrimiento por dolor y asfixia de un anciano es tan grave, que todo fumador debería pagar una prima significativa a nuestro sistema de salud para compensar en algún grado los inmensos costos en salud atribuibles a esa decisión personal. No es justo que sigan muriendo niños de hambre, mientras un 10-15% de la población ejerce su derecho a consumir tóxicos adictivos y a destruir el medio ambiente.

Sólo falta que los cultivos de coca se sigan reemplazando por cultivos de tabaco, un negocio millonario, en manos de empresarios que no tienen que sentarse en La Habana, ni dar explicaciones sobre su ética, honestidad y responsabilidad por millones de muertes en el mundo.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el diario El Espectador el 17 de mayo de 2015.

Fotografía de Hanna Sörensson/Flickr, usada bajo licensia de Creative Commons.

 

blog | ¿Calorías buenas, regulares y malas?

 

La confusión en temas de salud, pero especialmente en nutrición, es preocupante.

En parte, es cierto que al hablar de nutrición no estamos hablando de una sustancia o una práctica, sino de cientos de químicos e interacciones que hacen muy difícil concluir con seriedad científica qué es bueno o malo para la salud.

Por ejemplo, el consumo de agua, tan favorecido por la mayoría de expertos, puede ser perjudicial e inclusive mortal, al diluir los niveles de sodio circulante o inundar los pulmones de liquido, en individuos con alteraciones en la regulación del equilibrio hidroelectrolítico, como algunos atletas o pacientes con disfunción neurológica, cardiovascular o renal.

La sal, a su vez, tan satanizada en el contexto de la salud pública, ha demostrado mejorar el rendimiento físico y mental cuando las personas son hipotensas, tienen disautonomía o tienen pérdidas aumentadas por sudor, diuréticos o alteraciones digestivas.

Las grasas, perseguidas por muchos años, han demostrado ser necesarias para la salud, en especial aquellas de origen vegetal, mientras que los muy vendidos ácidos grasos “omega 3” han pasado al desprestigio en los recientes estudios serios de prevención.

Pero quizás el mayor terreno de discusión actual es el de las calorías. Pareciera que son juzgadas hoy en día por la filosofía, las ciencias políticas o la religión. Las hay “verdes” naturales, hidropónicas, buenas y santas, malas, pecaminosas, capitalistas o de izquierda.

Sugiero que les preguntemos a los físicos y bioquímicos. Ellos dicen que una caloría es una unidad de energía capaz de elevar la temperatura de 1 ml de agua en 1 grado centígrado. Esta energía se encuentra almacenada en los millones de enlaces químicos que componen nuestros alimentos. La mayoría de estos enlaces liberan la misma cantidad de calorías a nuestro intestino. Es decir, que se libera igual cantidad de energía (buena o mala no sé) al romper un enlace entre dos carbonos de un chicharrón, una chocolatina o un salmón.

El problema de sobrepeso, obesidad y diabetes no depende de la fuente de calorías, el problema es el exceso de energía o calorías en relación con lo que gastamos. Si me muevo poco, todas las calorías, provenientes de aceite de oliva, de un cereal integral o de una fruta, me van a engordar y enfermar. Si me mantengo activo y gasto mucha energía, puedo consumir grandes cantidades de dulce, grasa o proteínas y quizás hasta baje de peso, miremos a nuestros deportistas.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el diario El Espectador en mayo 3, 2015.

Fotografías de Basheer TomeInnisfree HotelsMichael Stern, Earl, Tore Bustad, Christopher Craig, Maia C, y Denish C, usadas bajo licencia Creative Commons.

blog | Tecnología & actividad física

 

Muchos expertos consideran que las grandes causas de las enfermedades relacionadas con el sedentarismo están en la industria de alimentos y el desarrollo tecnológico.

Así como han surgido iniciativas cuestionables sobre la regulación de productos alimentarios, también han sido propuestas normas un tanto radicales para evitar el excesivo uso de la tecnología. No sólo parece absurdo ir en contra de las maravillas innegables del desarrollo sino que se evidencia una visión limitada del urgente enfoque multisectorial para enfrentar los desafíos de la humanidad, la salud entre otros.

Recientemente, un grupo de expertos en actividad física, liderados por la Universidad de Stanford, así como por universidades públicas y privadas de nuestro país, ha presentado evidencia científica sobre el gran potencial de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) en la promoción de estilos de vida saludable, en especial en el incremento de los niveles de actividad física para diferentes grupos poblacionales.

La utilización de teléfonos celulares, por ejemplo, es tan amplia que casi ningún colombiano está excluido, a pesar de no tener a veces comida, vivienda, salud, seguridad o educación. Un creciente número de habitantes tienen acceso a los teléfonos inteligentes, o smartphones, que permiten una gama infinita de posibilidades, para bien y para mal. Específicamente, en actividad física se han explorado opciones muy prometedoras. Desde mensajes de texto sencillos y fáciles de entender e implementar, basados en evidencia científica y no en intereses comerciales particulares, hasta programas de tamizaje, monitoría, seguimiento, evaluación y análisis de información sobre la cantidad y calidad de la actividad física diaria.

Se han evaluado, por ejemplo, programas de consejería y acompañamiento a pacientes sedentarios con resultados muy satisfactorios y de bajo costo. Las mediciones cotidianas de nuestros hábitos han permitido no sólo concientizar y objetivar información importante, sino también intervenir con más precisión sobre los factores de riesgo relacionados con nuestro comportamiento.

Una vez más queda claro que los grandes problemas de salud requieren grandes alianzas y enfoques multidisciplinarios si queremos encontrar soluciones sostenibles y efectivas. Bienvenidos los avances tecnológicos, el sector productivo, la economía, la política, la educación y toda la sociedad para ayudarnos a combatir la grave epidemia del sedentarismo.

 

JD

Este blog fue publicado en el diario El Espectador el domingo 22 de marzo 2015.