enfermedades crónicas

Curso | Avances en Prevención y Rehabilitación Cardiovascular

 

Desde el Instituto de Medicina del Ejercicio y Rehabilitación de la Fundación Santa Fe lo invitamos a una jornada de actualización en los diferentes aspectos que influyen en un programa exitoso de rehabilitación cardiovascular.

El curso contará con la participación de expertos nacionales e internacionales de diferentes disciplinas como cardiología, enfermería, psicología, nutrición, entre otras.

De manera especial, nos acompañará el Dr. Barry A. A. Franklin, Director de los laboratorios de Rehabilitación Cardíaca y Ejercicio del Hospital William Beaumont y profesor de fisiología en la Wayne State University, Michigan. El Dr. Franklin ha publicado decenas de artículos científicos y libros alrededor de temas como la prevención cardiovascular, el impacto del ejercicio en diferentes condiciones de salud, promoción de la actividad física en diferentes poblaciones, entre otros.

Aquí podrá conocer más del Dr. Franklin.

El curso se realizará el sábado 26 de agosto en el auditorio Rosalba Pacheco de la Fundación Santa Fe de Bogotá (Akr 9 con 119, edificio nuevo). Está dirigido a los diferentes profesionales de la salud vinculados a programas de rehabilitación cardíaca y requiere de inscripción previa.

Aquí encontrará toda la información del curso y el formato de inscripción.

 

Lo esperamos!

 

JD

 

 

blog | ¿El derecho a la salud o a la enfermedad?

 

En esta época de reflexión sobre los derechos y deberes de los colombianos, se hace aún más evidente la necesidad de profundizar en el derecho constitucional a la salud. Sin duda es un derecho fundamental, sin el cual no puede haber paz ni desarrollo. Es fácil señalar, acusar o juzgar a un asesino, o a un ladrón, en especial si su estrato socioeconómico es bajo o si su convicción política es de izquierda.

Pero ¿quién debe responder por los crímenes atroces, como permitir que en nuestro país sigan muriendo miles de niños de física hambre, o madres y niños por falta de una mínima atención sanitaria? ¿Quién es juzgado y condenado en la Fiscalía por la mortalidad y las secuelas de por vida en niños y adultos a causa de enfermedades inmunoprevenibles como polio, sarampión, tétano, influenza, infecciones por neumococo y hepatitis B, entre otras? No creo que la responsabilidad sea sólo del sector salud y las soluciones requieren sin duda de un enfoque moderno intersectorial.

¡El derecho a la salud debería ser, verdaderamente, un derecho constitucional a no enfermarse, a proteger y preservar la salud, y no sólo un derecho a la tan anhelada atención hospitalaria cuando se hace evidente la enfermedad y generalmente ya no hay mucho por hacer!

Recientemente se discutieron en Bogotá conceptos como ciudades y comunidades “verdes” o “saludables”, que no se refieren en lo más mínimo a más hospitales o centros de salud, ni siquiera a más médicos, enfermeras o medicamentos. Se refieren al énfasis masivo en transporte activo, a parques, a espacios cerrados y abiertos libres de humo y sustancias tóxicas (parques, playas, escenarios deportivos y espacios públicos). También se sugiere, cada vez con mayor evidencia, la importancia de ambientes e incentivos urbanos y rurales para la promoción de la actividad física.

Aunque parezca obvio, en nuestro país aún estamos lejos de satisfacer las necesidades básicas para garantizar el derecho a la salud, tales como el derecho a un lecho y a un techo, el acceso al agua potable, a las frutas y a las verduras frescas y de buena calidad, a los alimentos ricos en proteínas y a una vida cotidiana con menos sedentarismo, menos cigarrillo y menos alcohol.

Estos derechos poco o nada tienen que ver con médicos, enfermeras y hospitales. Las grandes soluciones a estos retos de la salud mundial provienen de sectores y líderes de la industria y el comercio, el diseño urbano y la ingeniería, la agricultura, el transporte, la economía y la política pública. ¡El derecho a la salud o a la enfermedad es responsabilidad de todos!

 

JD

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador versión web el 22 de octubre, 2016.
Fotografía de Matthew Perkins usada bajo Licencia Creative Commons.

blog | Obesidad: un negocio redondo

 

La epidemia de sobrepeso y obesidad es sin duda una legítima preocupación para todos los profesionales de la salud y las autoridades de salud pública. Lo que quizás no todos vemos con claridad es la complejidad del “negocio” e implicaciones económicas de este fenómeno.

En primer lugar, está bien documentado que los costos en salud se incrementan exponencialmente con el sobrepeso y la obesidad. Estos pacientes se enferman más, requieren más medicamentos, se complican más durante y después de cirugía y su reintegración a la vida productiva es más difícil. Sin ser experto en temas administrativos o financieros, surgen algunos interrogantes: ¿Quién debe pagar o asumir estos costos? ¿Para dónde van esos dineros? ¿Quién es responsable de prevenir esta cadena de problemas? Las respuestas son igualmente complejas, pero me permito alertar sobre algunas opiniones, no siempre basadas en evidencia científica y frecuentemente buscando un lucro personal, empresarial o hasta político.

¿Quién debe pagar? Si una aerolínea, tren o bus cobran dos puestos a alguien que no cabe en un puesto, parece justo que esa persona pague el doble del respectivo tiquete. Pero ¿si alguien gasta en su propia salud el limitado presupuesto de otros 10 o 20 colombianos, el estado debe cubrirlo, quitándole inevitablemente recursos básicos como seguridad alimentaria, vacunas, saneamiento ambiental, vivienda o educación a la población más vulnerable? La respuesta duele más o menos dependiendo de qué lado este cada uno. Y si los costos de los medicamentos o procedimientos para controlar la obesidad corresponden a los recursos de cientos de colombianos, ¿quién define responsabilidades y equidad en salud?

¿Para dónde va el dinero? No estoy seguro, pero sé que los profesionales de la salud recibimos una parte en honorarios por prestar nuestros servicios, la industria farmacéutica sigue creciendo según demanda masiva de productos relacionados con el tema y el mercado, o como dicen los expertos “su majestad el mercado”, define el futuro, no importa si está bien, si es justo, ni siquiera si existe ciencia o evidencia convincente. Mientras exista demanda vale la pena.

¿Quién es responsable de prevenir? Nuestra falta de claridad en esta respuesta también es una oportunidad de negocio. Si la clave fuera comer menos, todo actor de la sociedad que facilite o promueva el peligroso “hábito de comer y disfrutarlo” debería cuestionar su propia responsabilidad: las madres, las abuelas, los odontólogos, las cafeterías, los restaurantes, los hoteles, los eventos sociales, la agricultura, la ganadería, la lista sería interminable. Si por el contrario, la clave fuera el sedentarismo, los culpables serian la televisión, la tecnología, la industria automotriz, los ascensores o la maquinaria agrícola e industrial. ¿Usted qué opina?

 

JD

 

 

Fotografía adaptada de Kyle May/Flickr, usada bajo licencia Creative Commons.

 

blog | Salud Cardiovascular: ¿qué nos falta?

 

Casi todos hemos vivido la muerte de un amigo o ser querido por causa cardiovascular y nos preguntamos con preocupación por qué no se ha logrado reducir aún más esta enfermedad fatal. ¿Será que faltan más cardiólogos , cirujanos cardiovasculares o grandes inventos no importa cuánto cuesten, que puedan por fin controlar esta epidemia?

Casi todos hemos vivido la muerte de un amigo o ser querido por causa cardiovascular y nos preguntamos con preocupación porque no se ha logrado reducir aún más esta enfermedad fatal. Será que faltan más cardiólogos o cirujanos cardiovasculares grandes inventos, no importa cuánto cuesten, que puedan por fin controlar esta epidemia?

Esta preguntas se hace continuamente en el medio científico y las respuestas sorprenden por su simplicidad. Nunca antes habíamos comprendido mejor la fisiopatología, es decir los mecanismos biológicos que explican la enfermedad cardiovascular, nunca antes habíamos tenido tantas y tan increíbles opciones farmacológicas e intervencionistas, pero las cifras de eventos y muertes no parecen reflejarlo. Que hay detrás de estos resultados frustrantes para médicos y pacientes? Muchas de las explicaciones parecen estar en aspectos comportamentales y administrativos. Como en las grandes empresas y los proyectos exitosos, el control de calidad permanente, los indicadores objetivos y los frecuentes y minuciosos análisis costo vs beneficio son indispensables si queremos cambiar los desenlaces.

Es increíble por ejemplo, que la hipertensión arterial, el gran asesino silencioso de la humanidad, que además padece cerca de un 30 % de los adultos en Colombia, no esté totalmente controlada. Su prevención está ampliamente documentada, su diagnóstico es sencillo y barato, su tratamiento está al alcance de todos los colombianos con medicación incluida en el plan obligatorio de salud. Sorprendentemente llegan todos los días a nuestros hospitales, pacientes con daño cardiaco, renal cerebral y neurológico por esta enfermedad. También sabemos que el sobrepeso aumenta el riesgo de infarto, diabetes, cáncer y numerosas enfermedades, conocemos sus causas y su prevención y su tratamiento, pero la mitad del país sigue con sobrepeso. Los niveles elevados de colesterol, no siempre relacionados con la dieta, el tabaquismo y la diabetes, son igualmente prevenibles, fáciles de diagnosticar y relativamente accesible su buen manejo, pero siguen sin ser controlados en miles de personas que deambulan por nuestras ciudades y campos esperando el desenlace lógico, un evento cardiovascular y en muchos casos la muerte.

Usted puede reducir su riesgo casi totalmente, si verifica con cuidado el cumplimiento riguroso y objetivo de los grandes factores de riesgo, no busque disculpas, ni se distraiga con creencias mal documentadas. Dejar el sedentarismo, no fumar, alimentarse bien y moderar el consumo de alcohol, no son utopías o conductas imposibles, ni mucho menos responsabilidad de las autoridades de salud, son decisiones de cada colombiano. Tener un colesterol, una presión y una glicemia normal son metas totalmente factibles, con la ayuda de nuestro sistema de salud. Nos falta una decisión personal seria y responsable.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador, el domingo 13 de marzo, 2016.
Fotografía de Fotografía de Vanessa Collazos, todos los derechos reservados.

blog | Atención primaria, ¿la solución?

 

El Ministerio de Salud ha venido construyendo en los últimos años, incluso desde gobiernos anteriores, una propuesta centrada en la muy renombrada atención primaria en salud.

El concepto es muy antiguo, quizás adecuado, es aplicado en varios países desarrollados y tiene sentido desde varias perspectivas. Los costos en salud, si se pretende brindar cobertura universal de alta calidad, son tan altos que siguen siendo una utopía para cualquier economía, mucho más para nuestro país. Es imposible pretender que nuestro sistema pueda garantizar cirugías complejas, cuidados intensivos, trasplantes, diálisis y hospitalizaciones prolongadas a más de 40 millones de colombianos, las cuentas no dan. Esto quiere decir que nuestro preciado derecho constitucional a la salud va más allá de las posibilidades realistas de cualquier país, no nos engañemos.

Por otra parte, existen algunos ejemplos relativamente exitosos de optimización de los costos en salud, que permiten desenlaces e indicadores aceptables para la gran mayoría de habitantes. Estrategias internacionales, como reducción de costos en medicamentos y procedimientos, menos intermediación, control de calidad, esquemas de incentivos y remuneración por desenlaces y no por eventos, sistematización e integración, planeación estratégica, entre otros, están en proceso de implementación en nuestro sistema actual.

Sin embargo, surge con gran ilusión la reaparición de la figura tradicional, del médico de cabecera, médico familiar, internista o generalista con una mayor cercanía afectiva y geográfica a la comunidad, con una verdadera vocación de servicio, con nociones de salud pública y epidemiología, con elementos básicos de pediatría, ginecología, cardiología, endocrinología, reumatología, cirugía, nutrición, actividad física habilidades de comunicación, psicoterapia y, por supuesto, con una irreprochable humildad y claridad mental para definir y resolver casi todo y, sobre todo: cuando se debe pedir la opinión y la intervención de un especialista. Qué bueno que esta especie de “ironman” de la medicina nos ayudara, además con salario de médico general, perfecto.

Quisiera sinceramente pensar que es posible, pero veo grandes limitaciones en el mundo real. En las mejores facultades de medicina seguimos teniendo dificultades para priorizar contenidos y competencias curriculares, metodologías pedagógicas y sistemas de evaluación que nos ayuden a graduar cada día mejores médicos generales. La magnitud de conocimientos y destrezas necesarias para que un buen médico esté en capacidad de ser la figura central de nuestro sistema de salud es inmensa. La especialización, por lo menos en medio de la complejidad de la medicina actual, parece necesaria para ejercer atención médica de alta calidad. La formación de los miles de especialistas que necesitamos debe ser una prioridad para el Estado y las facultades de medicina.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador, el domingo 13 de marzo, 2016.
Fotografía de Fotografía de Vanessa Collazos, todos los derechos reservados.

blog | Diabetes y ejercicio: consejos prácticos

 

Los grandes beneficios del ejercicio para la prevención y el manejo del paciente diabético han sido reconocidos por las autoridades clínicas y de salud pública en todo el mundo.

En primer lugar, vale la pena recordar que el sobrepeso, el sedentarismo, el tabaquismo y la hipertensión son los factores de riesgo modificables que aumentan en forma exponencial el riesgo de diabetes tipo 2 y coexisten progresivamente en muchos pacientes en Colombia y Latinoamérica.

La persona que toma la decisión de llevar una vida más activa e incluir más ejercicio no sólo previene biológicamente la diabetes tipo 2 en gran medida, sino que además puede controlar el sobrepeso, la hipertensión y la ansiedad, que a su vez lo llevan a fumar y tomar alcohol. Como si fuera poco, mejoran los triglicéridos y colesterol, su riesgo de eventos cardiovasculares y su calidad de vida.

Algunos consejos mínimos para la práctica del ejercicio en un paciente con diabetes: aunque en general es mejor para la salud moverse que quedarse quieto, es recomendable tener una evaluación médica para precisar las recomendaciones. Muchos diabéticos en nuestro país han padecido la enfermedad en forma asintomática por muchos años y podrían sufrir alteraciones cardiovasculares, renales o retinianas sin saberlo.

Antes de hacer ejercicio verifique el buen uso de la medicación prescrita, procure estar hidratado y, si es posible, realice un control de presión arterial y glucometría.

Debemos buscar el mejor momento del día para cada individuo, mañana o tarde, ojalá 20 a 40 minutos para dedicarlo a algún tipo de actividad física agradable y fácil de realizar.

Aunque caminar es la alternativa más aceptada, vale la pena pensar en otras posibilidades como bailar, jugar, nadar o montar en bicicleta.

El secreto está en crear un hábito y disfrutarlo, aumentando progresivamente la duración y la intensidad del ejercicio. Pueden ser suficientes 10 o 15 minutos para empezar a ver y sentir los cambios. Para optimizar los resultados se aconseja aumentar el tiempo total de ejercicio, más que la intensidad del mismo. Algunas personas prefieren el ejercicio más fuerte y de corta duración, pero esto requiere un proceso de adaptación previo para evitar lesiones y complicaciones.

Cuando se logran dosis adecuadas de ejercicio, se pueden ver reducciones significativas en los niveles de glucemia, presión arterial y triglicéridos que requieren ajustes frecuentes en la medicación, siempre en estrecha comunicación con su médico tratante.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador, el domingo 15 de noviembre, 2015.
Fotografía de Fotografía de Vanessa Collazos, todos los derechos reservados.