enfermedades crónicas

blog | Deporte y Desarrollo

 

En un momento histórico, tan importante para nuestro país, vale la pena reflexionar sobre las prioridades y los factores determinantes de un verdadero plan de desarrollo. No cabe duda sobre la importancia crucial de la infraestructura, la industria y el desarrollo del campo; imposible imaginar un país en paz, sin justicia social, menos inequidad, mejor salud y educación.

Pero quiero llamar la atención sobre un sector o mejor, un fenómeno social que amerita más atención y apoyo del estado y del sector productivo. El deporte, la recreación y el uso del tiempo libre ofrecen oportunidades singulares para el trabajo intersectorial con gran impacto en el desarrollo de la sociedad moderna.

En primer lugar, es relativamente accesible a todos los grupos sociales, como lo acabamos de ver en la brillante actuación de nuestros deportistas en los pasados Juegos Bolivarianos. Correr, saltar o luchar bien, es resultado no solo del inmenso potencial genético de algunos colombianos sino también de un admirable trabajo disciplinado, persistente y bien orientado por muchos años. No es privilegio de unos pocos apellidos, ni de monopolios económicos, políticos o sociales. Muchos, la gran mayoría, de nuestras grandes figuras deportivas que han llevado el nombre de Colombia a los Juegos Olímpicos y a los grandes campeonatos del mundo son fruto de un inmenso sacrificio personal y familiar, por supuesto también con el apoyo del estado en las etapas finales de la carrera deportiva.

Las escuelas de formación deportiva, los programas como “supérate”, los juegos nacionales y los numerosos campeonatos nacionales e internacionales han llevado escenarios, dotación y formación deportiva a los más apartados rincones de nuestro país. Vale la pena resaltar que no solo se tata de los grandes escenarios, estadios, piscinas y pistas construidas con estándares internacionales en las principales ciudades del país. También se han adecuado y construido cientos de polideportivos y canchas múltiples, se han dotado miles de escuelas con implementos deportivos, asi como con profesionales calificados, que han podido llegar a los municipios más pobres y abandonados por otras estructuras del estado.

Desde el punto de vista social, hay valores intangibles a veces subestimados en los planes de desarrollo municipal o nacional. Un niño o un joven adolescente pueden recibir a través del deporte grandes aportes a su formación como ser humano, como ciudadano. Elementos fundamentales como el juego limpio, la disciplina y el respeto por las normas y la autoridad, la sana competencia, el manejo constructivo de las pasiones y las emociones, el trabajo en equipo hacia metas claras, concretas  y ambiciosas pueden llegar mejor al corazón de nuestros estudiantes que muchas clases y conferencias a cerca de valores y normas sociales. Qué bueno que muchos de nuestros dirigentes y líderes políticos y empresariales pudieran recordar repasar cuidadosamente estos valores fundamentales al lado de niños y adolescentes durante la práctica deportiva.

En salud, los beneficios de promover el deporte y la actividad física tiene la mayor relevancia, según lo reconocen la Organización Mundial de la Salud y todas las grandes autoridades de salud pública. Esta ampliamente demostrado que podríamos reducir los costos en salud dramáticamente, si el estado tomara decisiones más contundentes para promover y apoyar la práctica del deporte y la actividad física a todas las edades y en todos los sectores. Economistas expertos en el tema calculan que el retorno de la inversión es amplio, por cada dólar invertido, se pueden ahorrar 3 en costos directos e indirectos en salud. La evidencia muestra una reducción entre el 30 y el 50% para las principales causas de enfermedad y muerte en Colombia, tales como la Enfermedad Cardiovascular, la Obesidad, la Diabetes y el Cáncer.

Todo lo anterior para decir que pocas inversiones tienen un impacto tan amplio y tan coherente en una sociedad. Nuestros nuevos dirigentes tienen la obligación, con o sin Ministerio del Deporte, de asignar recursos suficientes a uno de los pilares de nuestro desarrollo en paz: El Deporte.

 

JD

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador versión web el 08 de diciembre, 2017.

blog | ¿El derecho a la salud o a la enfermedad?

 

En esta época de reflexión sobre los derechos y deberes de los colombianos, se hace aún más evidente la necesidad de profundizar en el derecho constitucional a la salud. Sin duda es un derecho fundamental, sin el cual no puede haber paz ni desarrollo. Es fácil señalar, acusar o juzgar a un asesino, o a un ladrón, en especial si su estrato socioeconómico es bajo o si su convicción política es de izquierda.

Pero ¿quién debe responder por los crímenes atroces, como permitir que en nuestro país sigan muriendo miles de niños de física hambre, o madres y niños por falta de una mínima atención sanitaria? ¿Quién es juzgado y condenado en la Fiscalía por la mortalidad y las secuelas de por vida en niños y adultos a causa de enfermedades inmunoprevenibles como polio, sarampión, tétano, influenza, infecciones por neumococo y hepatitis B, entre otras? No creo que la responsabilidad sea sólo del sector salud y las soluciones requieren sin duda de un enfoque moderno intersectorial.

¡El derecho a la salud debería ser, verdaderamente, un derecho constitucional a no enfermarse, a proteger y preservar la salud, y no sólo un derecho a la tan anhelada atención hospitalaria cuando se hace evidente la enfermedad y generalmente ya no hay mucho por hacer!

Recientemente se discutieron en Bogotá conceptos como ciudades y comunidades “verdes” o “saludables”, que no se refieren en lo más mínimo a más hospitales o centros de salud, ni siquiera a más médicos, enfermeras o medicamentos. Se refieren al énfasis masivo en transporte activo, a parques, a espacios cerrados y abiertos libres de humo y sustancias tóxicas (parques, playas, escenarios deportivos y espacios públicos). También se sugiere, cada vez con mayor evidencia, la importancia de ambientes e incentivos urbanos y rurales para la promoción de la actividad física.

Aunque parezca obvio, en nuestro país aún estamos lejos de satisfacer las necesidades básicas para garantizar el derecho a la salud, tales como el derecho a un lecho y a un techo, el acceso al agua potable, a las frutas y a las verduras frescas y de buena calidad, a los alimentos ricos en proteínas y a una vida cotidiana con menos sedentarismo, menos cigarrillo y menos alcohol.

Estos derechos poco o nada tienen que ver con médicos, enfermeras y hospitales. Las grandes soluciones a estos retos de la salud mundial provienen de sectores y líderes de la industria y el comercio, el diseño urbano y la ingeniería, la agricultura, el transporte, la economía y la política pública. ¡El derecho a la salud o a la enfermedad es responsabilidad de todos!

 

JD

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador versión web el 22 de octubre, 2016.
Fotografía de Matthew Perkins usada bajo Licencia Creative Commons.

blog | Atención primaria, ¿la solución?

 

El Ministerio de Salud ha venido construyendo en los últimos años, incluso desde gobiernos anteriores, una propuesta centrada en la muy renombrada atención primaria en salud.

El concepto es muy antiguo, quizás adecuado, es aplicado en varios países desarrollados y tiene sentido desde varias perspectivas. Los costos en salud, si se pretende brindar cobertura universal de alta calidad, son tan altos que siguen siendo una utopía para cualquier economía, mucho más para nuestro país. Es imposible pretender que nuestro sistema pueda garantizar cirugías complejas, cuidados intensivos, trasplantes, diálisis y hospitalizaciones prolongadas a más de 40 millones de colombianos, las cuentas no dan. Esto quiere decir que nuestro preciado derecho constitucional a la salud va más allá de las posibilidades realistas de cualquier país, no nos engañemos.

Por otra parte, existen algunos ejemplos relativamente exitosos de optimización de los costos en salud, que permiten desenlaces e indicadores aceptables para la gran mayoría de habitantes. Estrategias internacionales, como reducción de costos en medicamentos y procedimientos, menos intermediación, control de calidad, esquemas de incentivos y remuneración por desenlaces y no por eventos, sistematización e integración, planeación estratégica, entre otros, están en proceso de implementación en nuestro sistema actual.

Sin embargo, surge con gran ilusión la reaparición de la figura tradicional, del médico de cabecera, médico familiar, internista o generalista con una mayor cercanía afectiva y geográfica a la comunidad, con una verdadera vocación de servicio, con nociones de salud pública y epidemiología, con elementos básicos de pediatría, ginecología, cardiología, endocrinología, reumatología, cirugía, nutrición, actividad física habilidades de comunicación, psicoterapia y, por supuesto, con una irreprochable humildad y claridad mental para definir y resolver casi todo y, sobre todo: cuando se debe pedir la opinión y la intervención de un especialista. Qué bueno que esta especie de “ironman” de la medicina nos ayudara, además con salario de médico general, perfecto.

Quisiera sinceramente pensar que es posible, pero veo grandes limitaciones en el mundo real. En las mejores facultades de medicina seguimos teniendo dificultades para priorizar contenidos y competencias curriculares, metodologías pedagógicas y sistemas de evaluación que nos ayuden a graduar cada día mejores médicos generales. La magnitud de conocimientos y destrezas necesarias para que un buen médico esté en capacidad de ser la figura central de nuestro sistema de salud es inmensa. La especialización, por lo menos en medio de la complejidad de la medicina actual, parece necesaria para ejercer atención médica de alta calidad. La formación de los miles de especialistas que necesitamos debe ser una prioridad para el Estado y las facultades de medicina.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador, el domingo 13 de marzo, 2016.
Fotografía de Fotografía de Vanessa Collazos, todos los derechos reservados.

blog | Glifosato vs. tabaco

 

No tengo dudas sobre la decisión de no fumigar con glifosato. Lo que me preocupa es el sensacionalismo alrededor de estas decisiones.

Se nos olvida que todos los días mueren en Colombia y en el mundo miles de seres humanos a consecuencia del humo del tabaco: la mayor amenaza para la salud humana y el medio ambiente, reconocida por la OMS y por todos los gobiernos del mundo. Los ambientalistas saben que las colillas de cigarrillo constituyen uno de los mayores tóxicos para el medio ambiente, contaminan instituciones, ciudades, parques, playas y ríos, intoxicando pequeños animales, aves y mascotas. Lo sorprendente es que la lucha de nuestras sociedades sea tan tímida, tan incoherente, tan egoísta.

Los pocos valientes, en el Gobierno y en la sociedad, que se han atrevido a enfrentar este flagelo, han recibido amonestaciones de sus superiores y hasta amenazas contra su vida, en el mejor de los casos, simplemente han sido ignorados. El negocio de la industria del tabaco es tan lucrativo para las multinacionales y algunos sectores de la sociedad, que se cuestionan e ignoran las recomendaciones de las grandes autoridades de salud y desarrollo sostenible.

Nuestro país ha logrado algunos avances, pero aún estamos lejos de cumplir a cabalidad con el convenio marco de la OMS para el control del tabaco, en especial en materia de impuestos, seguimiento y control de la implementación de cada estrategia y recomendación. Seguimos vendiendo cigarrillos a precios muy bajos con relación al resto del mundo, con advertencias y control sanitario insuficiente, pero sobre todo con una increíble e indignante tolerancia social, hasta que la enfermedad, por lo general mortal, toca a nuestros familiares directos.

Es cierto que el daño a la salud, desde el embarazo y el período neonatal hasta el sufrimiento por dolor y asfixia de un anciano es tan grave, que todo fumador debería pagar una prima significativa a nuestro sistema de salud para compensar en algún grado los inmensos costos en salud atribuibles a esa decisión personal. No es justo que sigan muriendo niños de hambre, mientras un 10-15% de la población ejerce su derecho a consumir tóxicos adictivos y a destruir el medio ambiente.

Sólo falta que los cultivos de coca se sigan reemplazando por cultivos de tabaco, un negocio millonario, en manos de empresarios que no tienen que sentarse en La Habana, ni dar explicaciones sobre su ética, honestidad y responsabilidad por millones de muertes en el mundo.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el diario El Espectador el 17 de mayo de 2015.

Fotografía de Hanna Sörensson/Flickr, usada bajo licensia de Creative Commons.

 

blog| Sedentarismo ¿más grave que el sobrepeso?

 

Recientemente han sido publicados varios trabajos provenientes de los más acreditados centros de investigación en el mundo que demuestran, una vez más, que la pandemia de sedentarismo es aun tan preocupante o más que el fenómeno de sobrepeso y obesidad.

Al observar el evidente aumento de las enfermedades crónicas, en su gran mayoría asociadas a la coexistencia de sobrepeso, sedentarismo, hipertensión y trastornos metabólicos como niveles elevados de colesterol, triglicéridos y glicemia, resulta difícil discriminar cuáles son realmente los factores de riesgo de mayor prioridad.

El conocido “síndrome metabólico”, “síndrome x” o “cuarteto de la muerte” ha permitido agrupar estas alteraciones cardiovasculares y metabólicas que aumentan el riesgo de diabetes tipo dos, así como el riesgo de padecer eventos graves como infartos o accidentes cerebrovasculares. Todo este “combo” o “paquete de riesgo” se ha relacionado fundamentalmente con el sobrepeso, en especial con el acúmulo de grasa abdominal.

Sin embargo, muchos estudios han podido demostrar que algunos individuos con el mismo grado de sobrepeso y grasa abdominal pueden tener menor riesgo de eventos cardiovasculares y diabetes, gracias a sus buenos niveles de actividad física. Más aún, individuos delgados aparentemente sanos pueden tener hasta el doble de riesgo de morir que personas con sobrepeso, pero con muy buena actividad y condición física.

Aunque lo usual es que las personas delgadas sean más activas que las personas con sobrepeso, esta asociación no es constante, pues no incluye la gran variabilidad en la ingesta calórica diaria. Podemos engordarnos con 1.500 kcal, si tan solo gastamos 1.400, o podemos bajar de peso comiendo 3.000 kcal si gastamos 3.100 cada día.

Pero la aclaración más importante para la salud pública es que el centro y la prioridad de los esfuerzos en salud, para la prevención de enfermedades crónicas, debe ser el aumento, por todos los medios, de los niveles de actividad y condición física de la población. El balance costo/beneficio de esta intervención ha demostrado que por cada dólar invertido en promoción de actividad física en el mundo, se pueden recuperar hasta tres dólares en salud.

El sobrepeso es una de las muchas consecuencias del sedentarismo, pero no la única ni la más importante. El sedentarismo altera todo el funcionamiento del cuerpo, la regulación neuroendocrina, los sistemas cardiopulmonar y musculoesquelético. A los pocos días de estar inactivos aparecen la resistencia a la insulina, la atrofia neuro-muscular y el deterioro en la circulación arterial, capilar y venosa, así como la función inmunológica. Es hora de reorientar nuestros esfuerzos hacia la prevención de los verdaderos factores de riesgo para enfermedades crónicas.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el diario El Espectador el domingo 18 de enero, 2015.

Fotografía de Vanessa Collazos MD, todos los derechos reservados.