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Reconocimiento | ACSM y Uniandes

 

Le comparto la nota que publicó recientemente la Facultad de Medicina de la Universidad de Los Andes sobre el reconocimiento que recibí por parte del Colegio Americano de Medicina del Deporte (ACSM, por sus siglas en inglés) en la pasada convención anual (mayo 31-junio 4, 2016) por mi labor como Director del Centro Regional para América Latina del programa Exercise is Medicine®.

Gracias, primero a Dios, y a todas las personas, colaboradores, estudiantes, colegas e instituciones y empresas que han apoyado la promoción de la actividad física como pilar en el cuidado de la salud durante todos estos años de trabajo en nuestro país.

Siga este link para leer la nota completa.

 

 

blog | ¿Calorías buenas, regulares y malas?

 

La confusión en temas de salud, pero especialmente en nutrición, es preocupante.

En parte, es cierto que al hablar de nutrición no estamos hablando de una sustancia o una práctica, sino de cientos de químicos e interacciones que hacen muy difícil concluir con seriedad científica qué es bueno o malo para la salud.

Por ejemplo, el consumo de agua, tan favorecido por la mayoría de expertos, puede ser perjudicial e inclusive mortal, al diluir los niveles de sodio circulante o inundar los pulmones de liquido, en individuos con alteraciones en la regulación del equilibrio hidroelectrolítico, como algunos atletas o pacientes con disfunción neurológica, cardiovascular o renal.

La sal, a su vez, tan satanizada en el contexto de la salud pública, ha demostrado mejorar el rendimiento físico y mental cuando las personas son hipotensas, tienen disautonomía o tienen pérdidas aumentadas por sudor, diuréticos o alteraciones digestivas.

Las grasas, perseguidas por muchos años, han demostrado ser necesarias para la salud, en especial aquellas de origen vegetal, mientras que los muy vendidos ácidos grasos “omega 3” han pasado al desprestigio en los recientes estudios serios de prevención.

Pero quizás el mayor terreno de discusión actual es el de las calorías. Pareciera que son juzgadas hoy en día por la filosofía, las ciencias políticas o la religión. Las hay “verdes” naturales, hidropónicas, buenas y santas, malas, pecaminosas, capitalistas o de izquierda.

Sugiero que les preguntemos a los físicos y bioquímicos. Ellos dicen que una caloría es una unidad de energía capaz de elevar la temperatura de 1 ml de agua en 1 grado centígrado. Esta energía se encuentra almacenada en los millones de enlaces químicos que componen nuestros alimentos. La mayoría de estos enlaces liberan la misma cantidad de calorías a nuestro intestino. Es decir, que se libera igual cantidad de energía (buena o mala no sé) al romper un enlace entre dos carbonos de un chicharrón, una chocolatina o un salmón.

El problema de sobrepeso, obesidad y diabetes no depende de la fuente de calorías, el problema es el exceso de energía o calorías en relación con lo que gastamos. Si me muevo poco, todas las calorías, provenientes de aceite de oliva, de un cereal integral o de una fruta, me van a engordar y enfermar. Si me mantengo activo y gasto mucha energía, puedo consumir grandes cantidades de dulce, grasa o proteínas y quizás hasta baje de peso, miremos a nuestros deportistas.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el diario El Espectador en mayo 3, 2015.

Fotografías de Basheer TomeInnisfree HotelsMichael Stern, Earl, Tore Bustad, Christopher Craig, Maia C, y Denish C, usadas bajo licencia Creative Commons.

Entrevista | Ejercicio y Salud en Latam

 

“Ya sabíamos sobre grandes beneficios en enfermedad cardiovascular, diabetes y cáncer, pero no sabíamos que mejorar la fuerza, ni que estar menos tiempo sentado pudieran salvar vidas.”

Les comparto la entrevista realizada por la revista Diabetes al Día de Bolivia, uno de los países que han creído en la importancia de comenzar a prescribir ejercicio en todos los escenarios de salud para ayudar promover entre sus habitantes una mejor calidad de vida y prevenir los efectos deletéreos del sedentarismo.

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JD

blog| Sedentarismo ¿más grave que el sobrepeso?

 

Recientemente han sido publicados varios trabajos provenientes de los más acreditados centros de investigación en el mundo que demuestran, una vez más, que la pandemia de sedentarismo es aun tan preocupante o más que el fenómeno de sobrepeso y obesidad.

Al observar el evidente aumento de las enfermedades crónicas, en su gran mayoría asociadas a la coexistencia de sobrepeso, sedentarismo, hipertensión y trastornos metabólicos como niveles elevados de colesterol, triglicéridos y glicemia, resulta difícil discriminar cuáles son realmente los factores de riesgo de mayor prioridad.

El conocido “síndrome metabólico”, “síndrome x” o “cuarteto de la muerte” ha permitido agrupar estas alteraciones cardiovasculares y metabólicas que aumentan el riesgo de diabetes tipo dos, así como el riesgo de padecer eventos graves como infartos o accidentes cerebrovasculares. Todo este “combo” o “paquete de riesgo” se ha relacionado fundamentalmente con el sobrepeso, en especial con el acúmulo de grasa abdominal.

Sin embargo, muchos estudios han podido demostrar que algunos individuos con el mismo grado de sobrepeso y grasa abdominal pueden tener menor riesgo de eventos cardiovasculares y diabetes, gracias a sus buenos niveles de actividad física. Más aún, individuos delgados aparentemente sanos pueden tener hasta el doble de riesgo de morir que personas con sobrepeso, pero con muy buena actividad y condición física.

Aunque lo usual es que las personas delgadas sean más activas que las personas con sobrepeso, esta asociación no es constante, pues no incluye la gran variabilidad en la ingesta calórica diaria. Podemos engordarnos con 1.500 kcal, si tan solo gastamos 1.400, o podemos bajar de peso comiendo 3.000 kcal si gastamos 3.100 cada día.

Pero la aclaración más importante para la salud pública es que el centro y la prioridad de los esfuerzos en salud, para la prevención de enfermedades crónicas, debe ser el aumento, por todos los medios, de los niveles de actividad y condición física de la población. El balance costo/beneficio de esta intervención ha demostrado que por cada dólar invertido en promoción de actividad física en el mundo, se pueden recuperar hasta tres dólares en salud.

El sobrepeso es una de las muchas consecuencias del sedentarismo, pero no la única ni la más importante. El sedentarismo altera todo el funcionamiento del cuerpo, la regulación neuroendocrina, los sistemas cardiopulmonar y musculoesquelético. A los pocos días de estar inactivos aparecen la resistencia a la insulina, la atrofia neuro-muscular y el deterioro en la circulación arterial, capilar y venosa, así como la función inmunológica. Es hora de reorientar nuestros esfuerzos hacia la prevención de los verdaderos factores de riesgo para enfermedades crónicas.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el diario El Espectador el domingo 18 de enero, 2015.

Fotografía de Vanessa Collazos MD, todos los derechos reservados.

 

 

blog | Prevención: una prioridad en salud

 

Priorizar es uno de los conceptos fundamentales de todo proyecto exitoso, y, ¡cómo nos hace falta en salud! Se trata de uno de los principios más antiguos en el acto médico y en la gestión para la salud pública: saber seleccionar con criterios objetivos los problemas de mayor relevancia.

Preguntas tan comunes y dolorosas como: ¿a quién se atiende primero en el servicio de urgencias del hospital o en consulta externa? El llamado “triage” en urgencias, por ejemplo, no es otra cosa que un sistema de priorización que permite al personal de salud enfocar su capacidad de resolver problemas en quienes padecen una enfermedad o situación más grave. Vale la pena resaltar que no desconocemos el sufrimiento y las molestias ocasionados por la espera, pero debemos ser conscientes de las limitaciones para lograr una atención universal y oportuna de óptima calidad. En situaciones realmente graves y cercanas a la muerte, en presencia de equipos médicos altamente especializados, un error en definir prioridades puede tener un desenlace fatal. Quienes mejor lo entienden son por lo general los beneficiarios de estas decisiones.

Pero veamos algunas situaciones y conflictos a la hora de llevar estos principios a nuestro agobiado sistema de salud. Las necesidades son inmensas, los recursos muy limitados. ¿Cómo tomar decisiones acertadas sin un riguroso proceso de priorización? Los expertos han planteado algunos criterios que no siempre son aplicados adecuadamente. Por ejemplo, la magnitud o importancia de un problema de salud se define entre otras por el número de muertes o la incapacidad prematura que ocasiona, por la cantidad de personas que lo padecen o por el sufrimiento físico o emocional que genera. Por otro lado, es necesario analizar la magnitud de los costos que genera sin olvidar las posibilidades reales, la capacidad de respuesta, del sistema para enfrentar y solucionar el problema.

Qué difícil es para un profesional de la salud y para los tomadores de decisiones tener que elegir entre la desnutrición materno-infantil o las devastadoras consecuencias de la hipertensión arterial. Ambos problemas siguen matando a millones de colombianos y pareciera utópico poder tomar una decisión ética y bien fundamentada para priorizar entre el control eficaz de alguno de estos flagelos. Lo que definitivamente no tiene sentido es que los escasos recursos sean asignados por conveniencia política o favoreciendo intereses particulares, o que se inviertan grandes sumas de dinero en procedimientos y medicamentos para atender problemas que se hubieran podido evitar a un costo más bajo. Mientras no seamos lo suficientemente audaces para reconocer la urgente prioridad de la prevención, nuestro sistema de salud seguirá enfermo.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador en noviembre 10 – 2013

Fotografía de Vanessa Collazos MD, usada bajo licencia Creative Commons.

 

blog | La educación médica ante nuevos desafíos

 

Ante tantas malas noticias en salud podemos caer en el pesimismo y la frustración. La magnitud de los problemas financieros, éticos y operativos de los sistemas de salud nos ha llevado a un ambiente oscuro, lleno de incertidumbre. Los médicos hemos tenido que reconocer que nuestra vocación necesita actualización.

Las grandes virtudes de los padres de la medicina, bien transmitidas por nuestros profesores, ya no son suficientes. Sin olvidar los valores tradicionales como la disciplina académica y personal, la ética y el humanismo, el sacrificio y la entrega, el país y la sociedad requieren un nuevo médico. Los problemas de salud necesitan como nunca antes de todo el talento, la energía, la creatividad, la inteligencia y el dominio de la tecnología.

La solución a los problemas de salud es tan compleja como la búsqueda de la paz o la equidad. Sin embargo, lejos de comprender en profundidad la debatida reforma a la salud y entendiendo que la viabilidad, cobertura y transparencia son altas prioridades, me preocupa el poco valor que sigue tendiendo la educación médica de pregrado y de posgrado.

I Encuentro de Facultades de Salud Saludables, Bogotá 2013. Fotografía de Vanessa Collazos MD, licencia CC.

I Encuentro de Facultades de Salud Saludables, Bogotá 2013. Fotografía de Vanessa Collazos MD, licencia CC.

A diferencia de nosotros, los países desarrollados tomaron hace muchos años la decisión de centrar sus esfuerzos en la educación, la ciencia y la investigación. Por el contrario, el acceso de nuestros bachilleres a educación médica de la más alta calidad ha sido tristemente descuidado.

Colombia parece buscar profesionales y servicios más baratos y de menor calidad. ¿O qué consecuencias pueden tener las medidas que reducen los tiempos de consulta con un ignorante pero atrevido criterio administrativo? No parece lógico que las soluciones estén en reducir la remuneración o desincentivar la especialización y la investigación reduciendo el acto médico a un tecnicismo de bajo costo y poca calidad.

Los nuevos médicos deberán enfrentar un sistema hostil, donde la calidad no es prioridad. Dominar la biología molecular y la bioestadística sin descuidar los valores humanos pareciera imposible en las condiciones actuales. Más aun, quien como médico pretenda desafiar las leyes del mercado y la estructura del sistema puede exponerse a grandes frustraciones. Afortunadamente, en medio de este ambiente, es alentador ver a tantos jóvenes que deciden una vez más entregar su vida a este noble oficio. Ellos son la gran esperanza para los sistemas de salud. Quienes legislan y proponen reformas a la salud, aún pueden rescatar elementos esenciales para garantizar una educación superior y un ejercicio profesional de la más alta calidad.

 

Este blog fue publicado en periódico El Espectador en noviembre 24, 2013.

Fotografías de Sw Swann y Vanessa Collazos MD, usadas bajo licencia Creative Commons.

Teaching Doctors to Prescribe Exercise

 

En este video de dos minutos realizado por ShareWIK, el Dr. John Duperly comparte la filosofía detrás del programa Exercise is Medicine® en América Latina. Disfrútelo y compártalo!

Si esta interesado en participar o patrocinar el Curso de Prescripción del Ejercicio que se realiza periódicamente en Colombia y otros países de Latinoamérica, comuníquese con Carolina Páez, Coordinadora Nacional de EIM® al correo: eim.latam@gmail.com

Disfrute del video:

 

 

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blog | Envejecer: ¿podemos evitarlo?

 

El proceso de envejecimiento es uno de los fenómenos biológicos más interesantes y más inevitables que conocemos.

Después de alcanzar el máximo rendimiento físico y mental entre los 20 y los 30 años, los seres humanos nos enfrentamos a la cruda, compleja e inexorable realidad del deterioro progresivo de todas las funciones vitales que nos acercan cada día, cada año, al final de la vida, a la muerte de nuestro organismo.

Dependiendo de la cultura, espiritualidad y orden social, el envejecimiento es visto con horror, neutralidad o inclusive amable desarrollo del ser humano hasta alcanzar los más altos niveles de sabiduría o inclusive la vida plena en Dios, después de morir en la tierra.

Nuestras células, las unidades funcionales de nuestro cuerpo, nacen con una sorprendente programación genética que determina gran cantidad de fenómenos ligados al envejecimiento, tales como el número de replicaciones celulares posibles, la muerte celular programada (apoptosis), la capacidad de detectar y corregir errores en el material genético y la síntesis de proteínas, la capacidad de defendernos contra las infecciones y muchos más. Estos fenómenos se comprenden cada vez mejor, pero son pocas las intervenciones que han logrado retardar, mucho menos evitar en forma significativa el proceso de envejecimiento.

La cultura occidental, orientada especialmente por las fuerzas del capitalismo y del mundo material, ha encontrado en este tema una gran oportunidad de mercado. Diariamente se venden millones de dólares en libros, vitaminas, productos alternativos, terapias, cirugías y toda serie de recetas “mágicas” pobremente documentadas para llenar el gran vacío que nos genera nuestra impotencia ante el envejecimiento. ¿Cuáles son algunas de las estrategias que han demostrado retardar o reducir el impacto de esta programación genética?

Realmente son pocas y simples, relativamente baratas y están al acceso de la mayoría de los seres humanos. Se destaca una menor exposición (menos tiempo e intensidad) al estrés, que podríamos simplificar como el conjunto de emociones negativas que se acompaña de elevación demostrable de hormonas como el cortisol y la adrenalina. También una menor exposición a tóxicos como el alcohol, la contaminación y el cigarrillo, una buena cantidad y calidad del sueño, una nutrición variada rica en productos vegetales, con pocas calorías y un aporte moderado de proteínas. Pero el factor con mayor impacto sobre la salud y la preservación de la función física y mental del ser humano es el ejercicio. La evidencia científica sugiere que niveles de actividad física de intensidad moderada o vigorosa de aproximadamente una hora al día son la principal estrategia para mitigar el inevitable fenómeno del envejecimiento.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador en julio 27 – 2014

Fotografía de Fouquier, usada bajo Licencia Creative Commons.