salud mental

blog | Salud mental y ejercicio

 

La salud mental ha adquirido un especial interés para la gran mayoría de seres humanos de todas las edades y situaciones socioculturales. Ya no se trata de un asunto de locos o sanatorios, es un tema que afecta la calidad de vida de cada persona.

Son tan importantes las ventas de medicamentos antidepresivos y ansiolíticos (con o sin receta) en el mundo, que constituyen hoy en día una de las principales fuentes de ingresos para la industria farmacéutica.

Afortunadamente han aumentado también los profesionales dedicados al tema: psicólogos, psicoterapeutas, psiquiatras, neurólogos, instructores de yoga y hasta maestros y coaches que nos ofrecen alcanzar la felicidad o, por lo menos, mitigar el sufrimiento. La oferta es tan amplia y los resultados tan variados que es difícil encontrar la mejor opción.

Sin embargo, la mayoría de investigadores en el tema coinciden en que podemos hacer mucho por nuestra salud mental con estrategias relativamente sencillas y al acceso de todos. En primer lugar, debemos recordar que dormir bien, en calidad y cantidad, es sin duda una gran prioridad. Tener y cultivar buenas relaciones interpersonales, una vida espiritual sólida, una nutrición adecuada y una baja exposición a tóxicos como el cigarrillo, el alcohol y otras sustancias psicoactivas han demostrado reducir los problemas de salud mental. Pero quizás lo más sorprendente es el descubrimiento reciente acerca de los beneficios del ejercicio sobre la ansiedad, la depresión, las adicciones, el insomnio e, inclusive, sobre los trastornos neurodegenerativos como la enfermedad de Alzheimer o el párkinson.

Hace muchos años se habían descrito sustancias similares a la morfina, “endorfinas”, producidas en el cerebro durante el ejercicio de alta duración o intensidad. Recientemente se han descrito además numerosos mecanismos y neurotransmisores liberados durante el ejercicio, como la dopamina y la serotonina, capaces de inducir sensaciones placenteras que alivian el estrés y mejoran la calidad de vida.

La más interesante, descubierta hace pocos años, es el “BDNF o factor neurotrópico derivado del cerebro”, capaz de mejorar la memoria, la concentración y la resistencia de las neuronas a la injuria y hasta de retardar los procesos neurodegenerativos. Adicionalmente se ha demostrado que es posible aumentar la producción de esta sustancia haciendo ejercicio a cualquier edad.

Nunca es tarde para cuidar nuestra salud mental, en especial si tenemos las herramientas básicas al alcance de todos. Pregúntele a su terapeuta.

JD

Este blog fue publicado en el diario El Espectador en junio 14/2015.

Fotografía de Darren Flinders/Flickr, usada bajo licencia Creative Commons.

 

blog | Envejecer: ¿podemos evitarlo?

 

El proceso de envejecimiento es uno de los fenómenos biológicos más interesantes y más inevitables que conocemos.

Después de alcanzar el máximo rendimiento físico y mental entre los 20 y los 30 años, los seres humanos nos enfrentamos a la cruda, compleja e inexorable realidad del deterioro progresivo de todas las funciones vitales que nos acercan cada día, cada año, al final de la vida, a la muerte de nuestro organismo.

Dependiendo de la cultura, espiritualidad y orden social, el envejecimiento es visto con horror, neutralidad o inclusive amable desarrollo del ser humano hasta alcanzar los más altos niveles de sabiduría o inclusive la vida plena en Dios, después de morir en la tierra.

Nuestras células, las unidades funcionales de nuestro cuerpo, nacen con una sorprendente programación genética que determina gran cantidad de fenómenos ligados al envejecimiento, tales como el número de replicaciones celulares posibles, la muerte celular programada (apoptosis), la capacidad de detectar y corregir errores en el material genético y la síntesis de proteínas, la capacidad de defendernos contra las infecciones y muchos más. Estos fenómenos se comprenden cada vez mejor, pero son pocas las intervenciones que han logrado retardar, mucho menos evitar en forma significativa el proceso de envejecimiento.

La cultura occidental, orientada especialmente por las fuerzas del capitalismo y del mundo material, ha encontrado en este tema una gran oportunidad de mercado. Diariamente se venden millones de dólares en libros, vitaminas, productos alternativos, terapias, cirugías y toda serie de recetas “mágicas” pobremente documentadas para llenar el gran vacío que nos genera nuestra impotencia ante el envejecimiento. ¿Cuáles son algunas de las estrategias que han demostrado retardar o reducir el impacto de esta programación genética?

Realmente son pocas y simples, relativamente baratas y están al acceso de la mayoría de los seres humanos. Se destaca una menor exposición (menos tiempo e intensidad) al estrés, que podríamos simplificar como el conjunto de emociones negativas que se acompaña de elevación demostrable de hormonas como el cortisol y la adrenalina. También una menor exposición a tóxicos como el alcohol, la contaminación y el cigarrillo, una buena cantidad y calidad del sueño, una nutrición variada rica en productos vegetales, con pocas calorías y un aporte moderado de proteínas. Pero el factor con mayor impacto sobre la salud y la preservación de la función física y mental del ser humano es el ejercicio. La evidencia científica sugiere que niveles de actividad física de intensidad moderada o vigorosa de aproximadamente una hora al día son la principal estrategia para mitigar el inevitable fenómeno del envejecimiento.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador en julio 27 – 2014

Fotografía de Fouquier, usada bajo Licencia Creative Commons.

 

blog | Ejercicio y felicidad

 

La asociación del ejercicio, el deporte, el baile y muchas formas de movimiento con sentimientos de alegría o bienestar emocional y físico son bien conocidas.

A pesar de las grandes dificultades que existen en la vida moderna para ser físicamente activo, muchas personas han vivido en carne y espíritu propio la sensación de placer, del “well being” que se asocia con la actividad física.

Las explicaciones científicas son aún incompletas, pero hemos avanzado mucho. Durante el ejercicio ocurren millones de reacciones bioquímicas y fisiológicas que buscan optimizar el rendimiento físico y mental, así como reducir el dolor y la sensación de fatiga. Algunos de estos químicos se parecen al opio, a la morfina y se conocen como endorfinas o “morfina endógena”. Se destacan, por ejemplo, la dopamina y la serotonina, neurotransmisores cruciales en el manejo de la depresión, la ansiedad, el sueño y el apetito.

Recientemente se ha descrito un peptido (proteína) derivado del cerebro (BDNF), sobre el cual disponemos ya de miles de publicaciones. Y parece regular desde el cerebro cientos de reacciones neurohormonales.

Por otro lado, las ciencias del comportamiento humano, en especial la psicología, la sociología y la antropología, han aclarado los beneficios psicosociales de mantenerse activo sobre la autoestima, la autodeterminación, el logro de metas, la socialización y más.

La literatura es abundante en estudios sobre salud mental y actividad física. Para quienes no parece ser atractivo tener buena figura o un corazón más sano, pero sí quieren prevenir y tratar la diabetes o la hipertensión, podría ser interesante ser más productivo, mejorar el genio, las ganas de vivir, llorar menos y disfrutar más de las pequeñas y grandes cosas de la vida cotidiana.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador en julio 13 – 2014

Fotografía de Vida Dimovska, usada bajo Licencia Creative Commons.