sedentarismo

blog | Obesidad: un negocio redondo

 

La epidemia de sobrepeso y obesidad es sin duda una legítima preocupación para todos los profesionales de la salud y las autoridades de salud pública. Lo que quizás no todos vemos con claridad es la complejidad del “negocio” e implicaciones económicas de este fenómeno.

En primer lugar, está bien documentado que los costos en salud se incrementan exponencialmente con el sobrepeso y la obesidad. Estos pacientes se enferman más, requieren más medicamentos, se complican más durante y después de cirugía y su reintegración a la vida productiva es más difícil. Sin ser experto en temas administrativos o financieros, surgen algunos interrogantes: ¿Quién debe pagar o asumir estos costos? ¿Para dónde van esos dineros? ¿Quién es responsable de prevenir esta cadena de problemas? Las respuestas son igualmente complejas, pero me permito alertar sobre algunas opiniones, no siempre basadas en evidencia científica y frecuentemente buscando un lucro personal, empresarial o hasta político.

¿Quién debe pagar? Si una aerolínea, tren o bus cobran dos puestos a alguien que no cabe en un puesto, parece justo que esa persona pague el doble del respectivo tiquete. Pero ¿si alguien gasta en su propia salud el limitado presupuesto de otros 10 o 20 colombianos, el estado debe cubrirlo, quitándole inevitablemente recursos básicos como seguridad alimentaria, vacunas, saneamiento ambiental, vivienda o educación a la población más vulnerable? La respuesta duele más o menos dependiendo de qué lado este cada uno. Y si los costos de los medicamentos o procedimientos para controlar la obesidad corresponden a los recursos de cientos de colombianos, ¿quién define responsabilidades y equidad en salud?

¿Para dónde va el dinero? No estoy seguro, pero sé que los profesionales de la salud recibimos una parte en honorarios por prestar nuestros servicios, la industria farmacéutica sigue creciendo según demanda masiva de productos relacionados con el tema y el mercado, o como dicen los expertos “su majestad el mercado”, define el futuro, no importa si está bien, si es justo, ni siquiera si existe ciencia o evidencia convincente. Mientras exista demanda vale la pena.

¿Quién es responsable de prevenir? Nuestra falta de claridad en esta respuesta también es una oportunidad de negocio. Si la clave fuera comer menos, todo actor de la sociedad que facilite o promueva el peligroso “hábito de comer y disfrutarlo” debería cuestionar su propia responsabilidad: las madres, las abuelas, los odontólogos, las cafeterías, los restaurantes, los hoteles, los eventos sociales, la agricultura, la ganadería, la lista sería interminable. Si por el contrario, la clave fuera el sedentarismo, los culpables serian la televisión, la tecnología, la industria automotriz, los ascensores o la maquinaria agrícola e industrial. ¿Usted qué opina?

 

JD

 

 

Fotografía adaptada de Kyle May/Flickr, usada bajo licencia Creative Commons.

 

Entrevista W Radio | Calorías y Obesidad

 

Le comparto esta entrevista con la W Radio en la que hablamos sobre la relación de las calorías que consumimos con el desarrollo de la obesidad, así como de las medidas que puede tomar la sociedad para abordar esta epidemia.

 

Fuente original: Entrevistas W | El ser humano en Colombia necesita 1550 calorías: John Duperly

 

Fotografía de Steve Baker/Flickr, usada bajo licencia Creative Commons.

blog | ¿Cuántas calorías necesitamos?

 

Parece increíble, pero aun no nos hemos puesto de acuerdo en la cantidad de calorías que debemos recomendar a los seres humanos para vivir saludablemente. Una vez más, no se trata de opiniones personales sino de mediciones cuidadosas, metodológicamente correctas.

Mientras que el gasto de energía de nuestros electrodomésticos, automóviles y fábricas ha sido medido y calculado con absoluta precisión, la medición del gasto calórico de cada persona sigue siendo imprecisa y especulativa . Para la industria y la economía, un pequeño error en estos cálculos podría tener graves consecuencias; para el ser humano, ha sido sin duda una de las causas más importantes de malnutrición. En la práctica, solo cuestionamos las recomendaciones cuando el resultado es claramente negativo, es decir, cuando aparece la enfermedad.

Gracias a la tecnología, la cantidad de energía que necesita un ser humano se puede calcular con bastante precisión. En reposo, por ejemplo, se puede medir fácilmente cuánto oxígeno utiliza una persona para su metabolismo y cuanta energía ha gastado. Este método, llamado calorimetría indirecta o VO2 en reposo, se utiliza en los laboratorios de investigación metabólica.

También se puede estimar con fórmulas matemáticas, pero con frecuencia hay  algunos errores, como multiplicar el gasto por el peso actual y no por el ideal, así como sobreestimar los niveles de actividad física de vida diaria.

Fotografía de Vanessa Collazos/Flickr

Fotografía de Vanessa Collazos/Flickr

Supongamos el caso de una mujer de 40 años, 1,65m de estatura y un peso ideal de aproximadamente 60 kg, pero que pesa  70kg. Las estimaciones sugieren necesidades basales de 20 kcal por kg de peso ideal, es decir, 1.200 kcal, y no 1.400 kcal como pensarían algunas personas. Por supuesto, debemos sumarle al requerimiento basal unas calorías por su actividad física diaria. De las 24h (1.440 minutos), dormimos o estamos en reposo la gran mayoría del día. Algunas personas logran estar de pie y caminar unos  minutos, pero muy pocos individuos, con excepción de los deportistas y algunos trabajadores del campo, realmente elevan su gasto energético más de  dos horas diarias.

Caminar una hora, sin parar ni un minuto, consume aproximadamente 200 kcal. Las 2.000 kcal que tanto recomendamos serían un exceso.  Sugiero recalcular nuestras necesidades energéticas reales, ojalá con mediciones y cálculos precisos como parte de la búsqueda de un equilibrio energético saludable.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el diario El Espectador en junio 7/2015.

Fotografía de Vanessa Collazos / Flickr, usada bajo licencia Creative Commons.

 

blog| Sedentarismo ¿más grave que el sobrepeso?

 

Recientemente han sido publicados varios trabajos provenientes de los más acreditados centros de investigación en el mundo que demuestran, una vez más, que la pandemia de sedentarismo es aun tan preocupante o más que el fenómeno de sobrepeso y obesidad.

Al observar el evidente aumento de las enfermedades crónicas, en su gran mayoría asociadas a la coexistencia de sobrepeso, sedentarismo, hipertensión y trastornos metabólicos como niveles elevados de colesterol, triglicéridos y glicemia, resulta difícil discriminar cuáles son realmente los factores de riesgo de mayor prioridad.

El conocido “síndrome metabólico”, “síndrome x” o “cuarteto de la muerte” ha permitido agrupar estas alteraciones cardiovasculares y metabólicas que aumentan el riesgo de diabetes tipo dos, así como el riesgo de padecer eventos graves como infartos o accidentes cerebrovasculares. Todo este “combo” o “paquete de riesgo” se ha relacionado fundamentalmente con el sobrepeso, en especial con el acúmulo de grasa abdominal.

Sin embargo, muchos estudios han podido demostrar que algunos individuos con el mismo grado de sobrepeso y grasa abdominal pueden tener menor riesgo de eventos cardiovasculares y diabetes, gracias a sus buenos niveles de actividad física. Más aún, individuos delgados aparentemente sanos pueden tener hasta el doble de riesgo de morir que personas con sobrepeso, pero con muy buena actividad y condición física.

Aunque lo usual es que las personas delgadas sean más activas que las personas con sobrepeso, esta asociación no es constante, pues no incluye la gran variabilidad en la ingesta calórica diaria. Podemos engordarnos con 1.500 kcal, si tan solo gastamos 1.400, o podemos bajar de peso comiendo 3.000 kcal si gastamos 3.100 cada día.

Pero la aclaración más importante para la salud pública es que el centro y la prioridad de los esfuerzos en salud, para la prevención de enfermedades crónicas, debe ser el aumento, por todos los medios, de los niveles de actividad y condición física de la población. El balance costo/beneficio de esta intervención ha demostrado que por cada dólar invertido en promoción de actividad física en el mundo, se pueden recuperar hasta tres dólares en salud.

El sobrepeso es una de las muchas consecuencias del sedentarismo, pero no la única ni la más importante. El sedentarismo altera todo el funcionamiento del cuerpo, la regulación neuroendocrina, los sistemas cardiopulmonar y musculoesquelético. A los pocos días de estar inactivos aparecen la resistencia a la insulina, la atrofia neuro-muscular y el deterioro en la circulación arterial, capilar y venosa, así como la función inmunológica. Es hora de reorientar nuestros esfuerzos hacia la prevención de los verdaderos factores de riesgo para enfermedades crónicas.

 

JD

 

Este blog fue publicado en el diario El Espectador el domingo 18 de enero, 2015.

Fotografía de Vanessa Collazos MD, todos los derechos reservados.

 

 

blog | Más ejercicio para los niños

 

La práctica diaria de los especialistas en medicina del deporte suele ser muy satisfactoria, la gran mayoría de pacientes de todas las edades acude motivada y busca con ilusión una orientación científica y médica para su deporte o actividad preferida.

Pero de vez en cuando las consultas presentan un interesante desafío. “…Doctor, estoy muy preocupada”, dice una madre ejecutiva, “mi hijo de nueve años no se puede quedar quieto, se la pasa haciendo deporte, en el recreo no se sienta, es increíble, cuando sale quiere ir a jugar fútbol, tenis y hasta montar en bici y nadar, es una locura, ya no sé qué hacer…”.

Yo también estoy muy preocupado. Pero por la madre. Es tan grave la deformación que hemos alcanzado en la educación urbana, que moverse es anormal. Muchos niños terminan en cuestionables manejos psicoterapéuticos y farmacológicos por ser “inquietos” o “hiperactivos”, por ser incómodos para el profesor y sus compañeritos domesticados por una sociedad que promueve desde la infancia el sedentarismo y la falta de actividad física en todos los escenarios de nuestra vida moderna.

Lo que la madre no recuerda es que nacimos para movernos, que el niño, como los cachorros de muchos mamíferos superiores, debe pasar muchas horas en movimiento, si quiere gozar de un buen desarrollo físico y mental, para sobrevivir en la naturaleza.

Ese pequeño ha dormido usualmente unas siete a ocho horas, más otras dos o más en el bus o medio de transporte pasivo, ha pasado largas y nocivas horas sentado en el colegio, haciendo tareas, viendo TV, frente al computador, leyendo y comiendo, y tiene unos pocos minutos para ir al baño y medio jugar en el recreo.

Algunos afortunados tienen la posibilidad de tener acceso a deportes extracurriculares o simplemente jugar en un patio, en el parque o en la calle, pero muy pronto son adoctrinados, domesticados o inactivados por adultos responsables para que “no pierdan el tiempo” cuidando su cuerpo y su mente.

Fotografiía de Seema Krishnakumar / Flickr, licencia CC.

Fotografiía de Seema Krishnakumar / Flickr, licencia CC.

Nuestros niños necesitan más oportunidades, muchas horas, para moverse, caminar, nadar, montar en bici, jugar al aire libre, interactuar con otros seres de la misma especie y no sólo con “la nube”. Yo diría que por lo menos dos horas al día, y ojalá más, son saludables y tienen grandes beneficios, pero ellos mismos encuentran la dosis adecuada si les damos libertad y apoyo. Si les ofrecemos una alimentación variada, rica en líquidos, frutas y verduras, pero sin fanatismos pseudo-científicos.

Nos falta ofrecerles entornos adecuados, seguros y una orientación técnica de alta calidad, que desarrolle sus horizontes de movimiento y no los limite a una disciplina o a las expectativas de los adultos, obesos, hipertensos, diabéticos, deprimidos y ansiosos.

 

Este blog fue publicado en el periódico El Espectador en julio 27 – 2014

Fotografía de U Cooperativa de ColombiaSeema Krishnakumar, usada bajo Licencia Creative Commons.